LETRAS LIBERTARIAS: La corrupción es el sistema

ZV
/ 31 de diciembre de 2022
/ 12:03 am
Síguenos
01234
LETRAS LIBERTARIAS: La corrupción es el sistema
Esperanza para los hondureños

Más

Por: Héctor A. Martínez (Sociólogo)

“La corrupción de los poderes públicos es una tradición universal y milenaria. A pesar de lo cual, ha desaparecido en algunos países, y lo hará en otros a medida que aumente el rechazo social”. Con esta cita, Gabriel Zaid abre la primera página de su reciente obra “El poder corrompe”, cuyo juicio principal se basa en el origen, evolución y muerte de este cáncer que ha invadido los sistemas políticos, principalmente en los países del Tercer Mundo, desde México -país de origen de Zaid-, hasta Chile y Argentina.

La singularidad de la obra, frente a los buenos deseos de la mayoría de los autores sobre la materia, es que Zaid propone ciertas recetas contra este mal que, lejos de marchitarse, se reinventa, y que no encontrará resistencia, a menos que los ciudadanos nos vacunemos contra la indiferencia democrática, que produce, entre otros síntomas, el hastío y el desgano para enfrentarnos a ese monstruo de mil cabezas. En este punto radica el problema y la solución al mal.

En el caso de Latinoamérica, muy a pesar del optimismo de Zaid, quien propone una ciencia de la mordida o “dexiología” -Del griego “dexos”, morder-, es que podríamos estar hablando en los próximos cincuenta años sobre la corrupción en el Estado, proponiendo alternativas para combatir ese engendro institucional, sin que pase absolutamente nada. Fuera de los círculos políticos, casi nadie conoce el alcance y la razón de ser de la corrupción institucionalizada.

Para entender el problema de cabo a rabo, hay que decirlo de entrada, debemos aceptar que no se trata de un fenómeno aislado, acaudillado y ejercido por un grupillo de maleantes en saco y corbata, sino de una institución “privada” que opera -como dice Zaid-, en el ámbito del sistema público; que no aparece en el organigrama estatal, porque, al igual que los procesos organizacionales, atraviesa toda la estructura burocrática de Norte a Sur y de Este a Oeste, en estricta observancia a la teoría administrativa de Fayol sobre la división del trabajo especializado.

La corrupción estatal, ¿se muestra novedosa ante un cambio de gobierno, o es la misma que estaba desde antes, y que se espera siga funcionando con nuevas autoridades? ¿Los funcionarios se descomponen, axiológicamente hablando, antes de llegar a los puestos, o ese sistema de ilicitud ya se encuentra instalado, esperando a que las personas asuman sus asignaciones para pervertirlos? Esas son las preguntas que nadie se atreve a responder por complejas.

Quizás una luz nos ayude a encontrar el camino. El mismo Zaid en su libro “El progreso improductivo” habla de que el Estado es una estructura piramidal basada en favores que descienden hasta los niveles intermedios -o de regateadores- que se esfuerzan por acercarse, en la mayor medida posible, a la zona VIP del poder. Ese sistema de favores incluye a los amigotes de toda laya, que esperan pacientemente a que pasen las elecciones para “negociar” los términos de la “cooperación”: consultorías, proyectos, compras y suministros, exenciones, subsidios, bonos, etcétera. Es justamente cuando aparece la simbiosis del “ayúdame, que yo te ayudaré”, la esencia patrimonialista de la reciprocidad consumada entre el funcionario y el amigote. Lo que prosigue es historia, media conocida, pero esperada por todos.

Pues bien: el sistema ilegal no puede ser diferente al soportado legalmente por una constitución. Funciona en y sobre ésta: nada puede funcionar sin conocimiento de causa de la titularidad burocrática, de lo contrario, lo que habría serían ladronzuelos de poca monta en cada institución. Por ello es esencial conjuntar los poderes del Estado, para que los objetivos estratégicos se cumplan en la dimensión esperada por los inversionistas. Una excelente coordinación es requerida para que los objetivos y los dueños de los procesos se acoplen de manera justa, en el tiempo y en el espacio. En resumidas cuentas, estamos hablando del mismo sistema: no existen dos.

¿Es posible -vistas las cosas de esta manera-, que un sistema de combate a la corrupción, digamos, una comisión internacional, propuesta por el mismo poder, pueda acabar con este monstruo cuasi legitimado?

©2023 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América