“VÍSTEME DESPACIO”

ZV
/ 6 de enero de 2023
/ 12:13 am
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“VÍSTEME DESPACIO”

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HEMOS querido –pese a los sombríos augurios de las aves agoreras para el año 2023– mantener el ánimo encumbrado y, de paso, lejos de caer al fatalismo, transmitir al colectivo ese mismo sentimiento. Citamos la rica sabiduría del Quijote –“Sábete Sancho, que todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal y el bien serán durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”– en aras de insuflar a la deprimida atmósfera que se respira, consecuencia de los golpes de crisis recurrentes, renovadas dosis de esperanza. Cerramos intentando elevar la autoestima exhortando al cambio de conductas, de comportamientos, de procederes, de los estados de ánimo y de la actitud, advirtiendo que “si seguimos haciendo lo mismo, no vamos a pasar de lo mismo”. Pero antes de compartir con el colectivo algunas manifestaciones recibidas, expresiones de satisfacción por la naturaleza del mensaje, es preciso también repetir que para lograr lo que se aspira no basta con desearlo solamente.

Decíamos ayer, ni el rumbo de un país ni el destino de los pueblos se definen como un juego de azar. No basta apertrecharse de buenos deseos si concurrente con los anhelos no existe voluntad de cambiar. Y como ejemplo, un tema imposible de eludir ya que es la base sobre la que se levanta ese edificio de aspiraciones. Mientras otras naciones –incluso aquellas de altos estándares– ya días impulsaron o están echando a andar una revisión profunda de sus sistemas formativos, desechando lo obsoleto y poniéndolos a tono con la nueva realidad –vaya ironía– ¿aquí sobre qué creen que es la discusión?: ¿Cuál sería el color de las gabachas para uniformar estudiantes dizque para combatir la deserción escolar; de qué tela elaborarlas; si regalarlas o negociarlas –mejor venderlas en los BANASUPROS porque no hay presupuesto– en fin, ni hablar de la pésima calidad educativa que estanca al país condenándolo a permanecer años luz de distancia de otros pueblos? Y si descubrieron que la traba metodológica, no son maestros que puedan enseñar y alumnos que quieran aprender, sino una falta de gabachas, menos para que se les ocurra pensar ¿qué hacer con esa adictiva manía al frívolo e insaciable entretenimiento, en vez de dedicar atención, tiempo y esfuerzo a lo que de veras importa? (Hasta aquí un pequeño indicio de lo que nos pasa y del porqué estamos como estamos; ahora a la parte alentadora). Comentarios al editorial anterior: “Ser optimistas, renovar la esperanza, ponerle ganas, energía, alegría a lo que hagamos, es la opción más conveniente”. Otra opinión: “Todo absolutamente todo el editorial es una gran enseñanza, para enfocar nuestras acciones hacia un lugar seguro y lograr superar nuestras angustias; como decía Napoleón: Vísteme despacio que voy de prisa”. (La frase también se le atribuye a Fernando VII y a Carlos III y al emperador Augusto).

Una lectora amiga: “Se siente como viento fresco su editorial de hoy; al menos al leerlo, porque luego empieza el día con sus agites, y las angustias empiezan a robar espacios a la tranquilidad”. “Pero es saludable esa pausa, hacer el esfuerzo por preservar el optimismo y concedernos ese tiempo de calidad que tan bien usted describe”. Otro culto amigo: “Me ha gustado mucho el editorial, sencillo, pero a su vez profundo”. Propicia la cita de Eduardo Galeano, gran escritor al que se le encasilló por sus ideas políticas pero cuya obra va más allá del simple panfleto que gusta a algunos con ideas anquilosadas”. “Tuve el privilegio de conocerle y no tanto por ello sino por su obra, me consta su humanismo acendrado”. “Pues bien, volviendo al editorial, es sumamente oportuno tanto para nuestra sociedad decaída, a veces estoica pero sumamente decepcionada y en permanente lamentación”. “Igualmente, al menos a mí, me ha servido mucho para renovar optimismo, recuperar fuerzas y seguir adelante en la vida sin reparar tanto en los valladares que constantemente se nos han presentado y se nos presentan constantemente”. (Sí, hay tantas cosas malas que pasan, pero –Winston cita a Aristóteles– “se ha dicho con razón que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden”. “El optimismo es la fe que conduce al logro; –dice el Sisimite que escuchó decir a Hellen Adams Keller– nada puede realizarse sin esperanza”).

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