Testamento espiritual de Benedicto XVI

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/ 9 de enero de 2023
/ 12:01 am
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Testamento espiritual de Benedicto XVI

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Por: Guillermo Fiallos A.*

No es usual tener dos papas vivos a la vez. Uno en funciones y el otro, reconocido como emérito.

Luego de su renuncia al trono de San Pedro, el papa Benedicto XVI, se mantuvo en un discreto silencio, cobijado por la oración y la reflexión de quien pasó de ser un líder mundial a un modesto caballero de la fe; él encontró en la soledad y en su retiro espiritual de años, las razones para continuar su nueva senda temporal.

Examinaremos algunos puntos de su testamento, que reflejan la sencillez de un hombre dotado de una brillante sabiduría intelectual, difícil de encontrar. Comienza -su testamento- brindando las gracias a Dios, principio y fin de su existencia y a quien dedica frases hermosas pues fue su sostén -según lo revela-: “cuando empecé a resbalar y siempre me devolvió la luz de su semblante”.

Recuerda a sus padres biológicos, quienes procuraron su bien “en una época difícil y que a costa de grandes sacrificios”, le dieron lo mejor en un hogar digno y lleno de amor. Esta parte de su despedida, refleja su lado humano. Llama la atención el hecho de recordar a sus progenitores, fallecidos hace tanto tiempo, pero que como hijo agradecido no olvidó que también, por ellos, llegó a convertirse en un símbolo de la fe. Asimismo, no desconoció el aporte de sus hermanos de sangre, quienes se convirtieron en un pilar en su camino sacerdotal.

Hace referencia a los amigos de ambos sexos que tuvo; igual hay espacio para sus colaboradores, profesores y alumnos, quienes durante décadas le permitieron gozar del cariño y amistad.

Sobresale la parte en la que se despide de su terruño primigenio: “mi hermosa patria en los pre Alpes Bávaros en la que siempre he visto el esplendor del Creador mismo”. Aquí Benedicto XVI, proyecta su parte mística y contemplativa de aquel hombre que percibe, en la magnificencia de la naturaleza, la mano de Dios y que asegura “he experimentado, una y otra vez, la belleza de la fe”.

Al ser elegido papa, se convierte de ciudadano alemán en ciudadano universal, por lo que no olvidó su última sede -en sus letras finales- a la ruidosa Roma y a toda Italia.

“A todos aquellos a los que he hecho daño, de alguna manera, les pido perdón de todo corazón”. Este segmento es impactante pues es un papa quien reconoce su fragilidad humana y confiesa que -como cualquier mortal-, cometió errores que pudieron lastimar a otros. Nos hace sentir su humildad e imperfección terrenal; todo ello digno de admirar en una figura planetaria que admite la grandeza y la pequeñez de sus actuaciones.

Hace mención a una de sus pasiones: la Teología. Docto en esta materia, aconseja no solo a sus compatriotas, sino, a todo los fieles, que se mantengan firmes en la fe y que “¡no se dejen confundir! A menudo parece como si la ciencia -las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- fuera capaz de ofrecer resultados irrefutables en desacuerdo con la fe católica”.

Medita sobre el paso de las décadas y las sucesiones generacionales durante las cuales, comprobó como muchas tesis quedaron en meras hipótesis y las señala expresamente: la liberal, la existencialista y la marxista. “He visto y veo cómo de la confusión de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la vedad y la vida”.

Para cerrar su postrer documento, pide oraciones por el descanso de su alma y “para que el Señor, a pesar de todos mis pecados y defectos, me reciba en la morada eterna”.

A no dudarlo, este testamento causará diversas reacciones, al igual que en vida el papa de la fortaleza: Benedicto XVI, provocó distintas y discordantes opiniones.

¡Descanse en paz el sumo pontífice!

*Mercadólogo, abogado, pedagogo, periodista, teólogo y escritor.

circulante.fiallos@gmail.com

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