Migrar una mañana de estas

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18 de enero de 2023
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12:37 am
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Migrar una mañana de estas

Esperanza para los hondureños

Por: Héctor A. Martínez

La migración entre Centroamérica y los Estados Unidos representa un verdadero negocio para mucha gente que forma parte de la “cadena de valor” de este fenómeno que se intensifica con el pasar de los días. El negocio de marras incluye a “coyotes”, hospederos, tratantes de personas, secuestradores & Cía., ladrones, comerciantes, policías corruptos, oficiales de migración, políticos populistas, etcétera. Sumado a ello, cuando un tema de esta naturaleza se vuelve “trending topic”, muchos sacan partido del fenómeno en boga, no solo por cuestiones de utilidad económica, sino también por reconocimiento y poder, a saber: oenegés, académicos en busca de créditos, foros televisados y radiales, blogueros, universitarios desempleados, tecnócratas, etcétera. De la misma manera, les permite a los gobiernos condicionar ayudas, préstamos multilaterales, o para delinear su política exterior.

Todos sabemos que los migrantes no se van a la “USA” -como llaman ellos a los Estados Unidos- o a la Península Ibérica por antojo, o porque les gusta la viajadera, sino porque el sistema los expulsa de su terruño; la colectividad comunitaria los arranca y los destierra -directa o indirectamente- de la estructura social. En la infamia del extrañamiento participamos todos, desde luego, pero el protagonismo en la proscripción se la llevan los políticos, gobiernos, mareros y el mercado laboral.

¿Por qué las migraciones masivas no deben verse como procesos naturales como si se tratara de bandadas de aves en busca de climas acogedores? Un razonamiento, un tanto ecológico, nos ayudaría a proyectar los escenarios futuros y las consecuencias de un destierro sin consciencia política. A decir verdad, el principio de comunidad invoca a la supervivencia de los seres vivos, es decir, el ecosistema debe convertirse en el lugar ideal donde nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, no sin antes dejar una descendencia que venga a encontrarse con mejores condiciones que las de sus progenitores.

Se supone que el lugar donde nacemos debe reunir los mismos principios que rigen a los ecosistemas naturales: recursos suficientes y sostenibilidad en el tiempo. Si ocurre lo contrario, entonces, el sistema social en su conjunto se encuentra en crisis, desordenado; funcionando contra toda lógica de articulación y funcionalidad, es decir, el cuerpo social se encuentra en un nivel que podemos considerar fracasado o fallido. La articulación obedece al principio de no exclusión; a la integración, que es, al final de cuentas, el sentido de toda comunidad, de toda “unidad común”, como dicen los académicos y políticos en campaña. Esta visión no debe verse como mera presunción teórica, de lo contrario siempre estaremos dando vueltas en calesa aduciendo que el problema se debe a “causas estructurales”, sin saber exactamente el sentido epistemológico de lo que expresamos, y sin generar ningún impacto en la toma de decisiones de políticos y empresarios, que ven inconmovibles el flujo diario de coterráneos enfrentados a los peligros que implica el éxodo; muerte, violencia, y la angustia que encierra el alejamiento y la lejanía.

No olvidemos que toda migración es forzada; la voluntad de moverse, aunque se presente en condiciones no angustiosas, es siempre un “no querer irse” del espacio que nos vio nacer. Por cuestiones de humanidad, nadie debe ser expulsado de su territorio que, más que un pedazo de tierra es la vida misma; se trata de la biografía del que experimenta el destierro hacia el destino menos querido, que lo rechaza por extraño y diferente.
Los migrantes, y los potenciales migrantes que esperan su turno para dejar el hogar, familiares y amigos, jamás deben verse como meros datos estadísticos que sirven para adornar las ostentosas tesis de demógrafos y académicos, sino como personas individuales, seres humanos que tienen todo el derecho a vivir -como escribió Roger Scruton- “en un hogar compartido, un lugar seguro cuyo derecho de ocupación nadie nos dispute, y en el que podamos invocar a los demás en nuestro auxilio cuando surja una amenaza”. No son esas las cualidades de nuestra sociedad, ni se avizoran en el devenir de aquellos que tendrán que irse y dejarlo todo, una mañana de estas.

(Sociólogo)

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