¿MÁS CÓMODO EL MANDADO?

ZV
/ 20 de enero de 2023
/ 12:29 am
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¿MÁS CÓMODO EL MANDADO?

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LA casa de gobierno no solo desautorizó el injustificado aumento de las tarifas del peaje, sino advirtió que no permitiría otras trancas y hasta podría rescindirse la concesión. Por ahora Covi solo opera la carretera del norte, pero el contrato a 20 años –obsequioso que le dieron, ¿quién sabe cómo?, que incluye cobrar en tramos carreteros que no construyó ya que los recursos salieron de fondos nacionales y de la asistencia internacional– le permite instalar casetas de cobro en el Canal Seco y la carretera de San Pedro Sula-Copán. Tales han sido los abusos que en cierta ocasión la empresa colocó trampas de hierro (unas estacas filudas) para destartalar vehículos que cruzaran sin pagar la pasada. Advertimos, en aquel entonces, de lo lesivo a los intereses nacionales de entregar, de esa manera –permitiendo aumentos unilaterales cuando se les antoje– los bienes estratégicos del país. Sonamos las alarmas sobre otros acontecimientos suscitados en la región. Todo ello velando por el grado de competitividad que deben mantener los puertos hondureños.

Hace unas semanas atrás –comentamos– “los presidentes de Guatemala y El Salvador –sin participarle a Honduras– acordaron eliminar las fronteras para el tránsito de personas y mercancías y convirtieron en nacionales los vuelos comerciales entre ambos países”. (Una supercarretera atravesando ambas naciones, serviría para el transporte de estas mercaderías). No se ignora que los salvadoreños con inversión china, desarrollan sus puertos en el Pacífico, mientras Guatemala acaricia invertir recursos en los suyos del Atlántico. Si bien los vecinos están en su derecho de impulsar sus propias iniciativas de desarrollo en promoción de sus particulares intereses, indudable que lo ocurrido no escapa al interés hondureño, ya que, hasta ahora, Puerto Cortés ha sido el principal puerto de entrada y salida, por el Atlántico, de mercaderías a la región. Ni tampoco elude aspectos de la integración, cuando lo óptimo sería que los recursos disponibles fuesen orientados acorde a las ventajas comparativas de cada cual. El puerto hondureño en el norte –a no ser que un gigantesco tsunami o un bestial maremoto modifiquen la geografía en cada uno de los países– seguirá siendo el único puerto de gran calado. Al final del día los empresarios recibirán y embarcarán su mercancía por donde les resulte más barato, más rápido y más eficiente. Honduras, tiene sobradas ventajas. Pero un peaje abusivo puede sacar de competencia al puerto insignia hondureño. Puede ser que los nacionales, por su sentido de país, sigan dando preferencia a la importación y exportación de sus artículos utilizando la infraestructura portuaria nacional. Pero no los otros países centroamericanos que lo harán por donde resulte más cómodo el mandado.

Dimos razones por las protestas de los indignados en esas estaciones de peaje. La empresa nunca se preocupó por hacer imagen institucional, ni siquiera de promoción sobre la utilidad del servicio que presta. Y, como sucede con otras transnacionales –que ahora, sin ser parte del sistema financiero y sin la supervisión obligada de la CNBS, hasta billeteras electrónicas manejan, a las que les cayó el premio gordo de una concesión como lucrativo negocio de explotación del mercado nacional– tampoco han tenido sensibilidad alguna por proyectarse a las comunidades. Deducen, erróneamente, que solo porque calzan sello extranjero –y aquí hay falta de autoestima por lo propio y embeleso por lo ajeno– la gente tiene que tener buena impresión de lo foráneo. No es así. La imagen se hace, se construye, se gana y se mantiene. Presuntuoso de su parte asumir que el público tiene la obligación de tragarse, sin reclamar, que prestan un servicio necesario. La red de carreteras que comunica a los países vecinos con el nuestro y que conduce al norte del país –que comprenden el Canal Seco– deben ofrecer una vía rápida y expedita al transporte, pero también no representar costos excesivos. La competitividad de Puerto Cortés de ello depende, y de ahí el interés que esa continúe siendo la vía preferida y más económica para el envío e ingreso de mercancías. Pero no se trata solo del puerto, sino del costo agregado que paga la industria nacional que requiere del transporte terrestre para enviar sus productos u ofrecer sus servicios. Eso abarca el comercio del litoral atlántico hacia otros sectores de la geografía nacional, y de estos –incluidos los capitalinos, oriente, occidente y el sur– hacia la costa norte. Y el tal peaje se paga de ida y de regreso, lleve o no carga el camión. Es patada y mordida. (Pues quizás –solloza el Sisimite– convenga devolver la patada y ni hablar de “la mordida”).

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