La migración, una cuestión cultural de interés para científicos

MA
/ 24 de enero de 2023
/ 04:18 am
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La migración, una cuestión cultural de interés para científicos
El decano de la Escuela de Trabajo Social, Luis Torres, y Juan Ramón Martínez.

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Por: Juan Ramón Martínez

Edimburgo, Hidalgo. Texas. La Universidad de Texas Río Grande Valley es el más importante centro de estudios superiores de la zona que ofrece formación, a todos los niveles, a 29,000 estudiantes. Es la única universidad bilingüe del mundo.

Sus estudios son mitad en español y mitad en inglés. Sus egresados hablan perfectamente los dos idiomas. Sus campos, en verdes prados de cuidada grama, están ocupados por sobrios edificios de ladrillos rojos, espaciados y unidos por senderos pavimentados.

Contrario a la forma de edificar edificios universitarios, aquí los conjuntos tienen mucho espacio entre sí y las áreas verdes dan al centro educativo una sensación que allí se preserva la memoria del pasado, pero, está insinuado el futuro, confirmando la lógica con que se ha construido este país: educación e investigación de alto nivel, para enfrentar el futuro que tiene que ser operativamente más manejable que el presente, con procesos menos complicados, bajos costos y operación masiva.

Detrás de la belleza y orden espacial, está el financiamiento. Aquí, se nota que hay recursos para pagar los mejores profesores -buscándolos donde sea- sistemas de becas, programas de investigación y extensión, eficiente y palpable en todas partes.

Todo proviene de la paga de los alumnos y el financiamiento que proviene del petróleo y el gas de Texas.

INVESTIGACIÓN ACADÉMICA

Por su importancia y por su modelo singular, estoy de visita en su Escuela de Trabajo Social, cuyo decano, doctor Luis Torres Hostos, al momento de recibirme, me recuerda que su universidad tiene un interesante acuerdo de cooperación con la UNAH, orientado al estudio del tema de la migración de hondureños, venezolanos, cubanos, haitianos y otras nacionalidades, en camino hacia los Estados Unidos. Torres, nacido en Puerto Rico, estudió y pasó la primera parte de su juventud en Nueva York.

Dice que es católico, lo que usa como excusa para hacerme una broma: ¿sabe usted, me dice, que creo que Jesucristo es un prisionero? Porque todos los pastores evangélicos que conozco y que están en cada esquina de Nueva York, dicen en sus sermones que conocieron a Jesús en las prisiones. “Tanta repetición, me ha llevado a esa conclusión”, sonríe.

Tiene un PHD en Filosofía, con estudios de Psicología y Sociología. Me recibe en el edificio de la Facultad que rectora en condición de decano, acompañado de la vicedecana, doctora Susy Villegas, científica de Costa Rica que hace docencia aquí; y la hondureña, doctora Claudia Dole, nacida en Chamelecón, Cortés y que se desempeña como administradora de la mencionada unidad académica.

La conversación es fluida y espontánea. Llego acompañado de un matrimonio hondureño que hace de cicerone y una rotaria, admiradora de Honduras que ha trabajado con las municipalidades de Santa Bárbara, amiga de muchos políticos, especialmente de Jesús Amable Hernández, la doctora Elaine Hernández. Es canadiense estadounidense, viuda de un mexicano, cuyo apellido lleva con orgullo.

La próxima semana, me dice, “estaré en Ucrania, ayudando a la gente en su esfuerzo de sobrevivir a la guerra”. Habla con naturalidad. Admiro su temple y su vocación de servicio. Me entrega el borrador de un bello cuento, escrito por ella, titulado “El Efecto Mariposa”, basado en sus experiencias de joven mujer, casada con un mejicano, ranchero en el norte mexicano, donde lo acompaña para enfrentar, apoyada en el amor, las duras realidades de otra cultura y otra sociedad. “Lo que me ha ayudado para entender a los demás y a valorar a todas las culturas”, concluye.

DIÁLOGO INTERCULTURAL

Almuerzo en un restaurante mexicano, ofrecido por el decano, Luis Torres Hostos.

En un amplio salón, junto a la oficina del decanato, el doctor Torres Hostos y sus asistentes nos reciben. Los saludos y la conversación tienen el sabor de conversación de viejos conocidos, unidos por la cultura común, los intereses compartidos en favor de los pobres; y, animados por la creencia que es útil el diálogo intercultural, porque además de inevitable -me recuerdan- que es sumamente enriquecedor. Me cuentan del convenio que tienen con la Escuela de Trabajo Social de la UNAH.

Me excuso por mi desconocimiento; y les informo que estoy alejado de esa profesión, falto de información, comprensible, me excuso, por el hecho que el trabajador social en Honduras ha bajado su perfil y ha sido rebasado por otras profesiones, “o por el énfasis clínico”, me dicen.
Prometo que, al regresar, me interesaré por el tema y en la medida de lo posible, me involucraré con los investigadores hondureños, para apoyarlos y animarlos.

Me dan los nombres de los colegas de la UNAH: Ulda Borjas, Rosario Aragón, Julia Fajardo y Ami Chahín. Aprovecho, además, para plantear lo que me parece una falla: la escasa investigación sobre el tema migratorio, además de los datos y los informes de malos tratos que se les dispensan, especialmente desde los periódicos y de los juicios críticos de algunos investigadores y trabajadores sociales, especializados en el tema.

Refiero que, aunque detrás del migrante hay una familia abandonada que después recibe y vive de las remesas, no hay sino un estudio de la familia rural, que hace muchos años escribiera Melba Zúniga, socióloga hondureña que estudió en Canadá y que actualmente está retirada. Coinciden conmigo.

Aporto información sobre los estudios de la pobreza en México y Puerto Rico, de Óscar Lewis, especialmente: “Los Hijos de Sánchez”, “Cinco Familias”, “Una muerte en la familia Sánchez” y “Vida”.

Adicionalmente, menciono los trabajos de investigadores mexicanos sobre las estrategias de sobrevivencia de los pobres en México, el texto de Gabriel Zaid, “El Progreso Improductivo”, para plantear una visión horizontal de las relaciones entre la cultura que expulsa población y la cultura que, voluntaria o a regañadientes, acepta a los emigrantes.

Finalmente, señalo el trabajo divulgativo de Ricardo Puerta y de Itsmania Platero en Honduras. Al final celebro el encuentro positivo por razones que explica muy bien la física y la sociología, y explica la dialéctica, porque producirá nuevas visiones, mutuamente enriquecedoras.

VALORES PRÁCTICOS

El decano Torres menciona el mestizaje en el habla del español en Puerto Rico, que confirma lo que busco plantear con poco éxito. Porque, insisto, en el emigrante hay unos valores prácticos y culturales especialmente, que tienen que ser valorados, tanto para mejorar sus sentimientos de seguridad, como para que la cultura recipiente aprecie las contribuciones –no solo los materiales laborales “que son obvios”, me acotan– del recién llegado a la nueva cultura en donde se instala marginalmente, muy a la orilla agrego, recordando al papa Francisco.

Ellos, como yo, coinciden que, frente a las urgencias del desplazamiento de población, la prioridad no es el estudio y menos la investigación científica, sino que el abordamiento de las soluciones inmediatas y urgentes.

Coincidimos en estas prioridades, pero concluimos que hace falta que el tema sea más de científicos sociales que de burócratas fríos e indiferentes, para los cuales los problemas de los migrantes solo son explotados con finalidades de relaciones públicas o para oxigenar figuras políticas, algunas de ellas, patéticas y estremecedoras.

Cuento, y se ríen discretamente, de las mentiras del viceministro, Tony García, de Honduras, que nos llegó con el cuento que el gobernador de Texas –que es anti inmigrante– financiaría la repatriación de los cuatro hondureños que fallecieron asfixiados en el contenedor de un camión, en un camino secundario hacia San Antonio.

SEPARACIÓN DE LOS NIÑOS

Como contrapartida, me hablan de las tareas de la Iglesia católica y algunas evangélicas en El Paso, San Antonio y otras ciudades, que apoyan a los emigrantes, auxiliándolos en sus dificultades, cosa que en el tiempo frío que estábamos pasando en los días de la visita, sufrían con estoicismo singular. Digo que “no sé cómo resisten”.

Entonces, responden que los emigrantes tienen muchas fortalezas, físicas y espirituales que les hacen fuertes para enfrentar las dificultades. El matrimonio de hondureños, que residen desde muchos años aquí, en esta bella zona fronteriza –que me gusta tanto– se refieren a un documental publicado por Netflix, como efecto de las protestas generalizadas que se le hicieron a Trump, por su responsabilidad en la separación de los niños de sus padres. “Aquello tuvo un gran efecto”.

Sin embargo, les digo, con todo y la crítica, las manifestaciones y las movilizaciones de los grupos más sensibles de esta sociedad, “el presidente Trump estuvo a punto de ganar la reelección”.

Es que la sociedad de Estados Unidos, dice Torres, “está muy politizada y usted habrá constatado que el estadounidense común acusa una fuerte disposición hacia la ingenuidad. Y es muy temeroso. La información de la que dispone es muy limitada; y sus preocupaciones, igualmente reducidas en un pragmatismo individualista muy marcado”.

Bueno, agregan, por ello hay que hacer trabajo de divulgación no solo sobre el problema, sino que de las oportunidades que el mismo ofrece para la cultura de los Estados Unidos y por supuesto para la hondureña.

Admito que tienen razón, porque al margen del catastrofismo, como manejamos algunos el tema, la politización del mismo debido a que el fenómeno migratorio lo han asimilado al de invasión y peligro del que viene en contra de la tranquilidad y seguridad de los estadounidenses.

De izquierda a derecha, Luis Torres, Ana Jessy Bulnes, Elaine Hernández, Juan Ramón Martínez, Claudia Dole y Susy Villegas.

COMPORTAMIENTO SOCIAL

Pregunto si hay estudios aquí que muestren el comportamiento de los emigrantes ante la ley y me dicen que no. Ahora entiendo, acoto, por qué los políticos republicanos más duros (Trump, Cruz, DeSantis) encuentran una audiencia indefensa que ha terminado por creer que la amenaza para Estados Unidos son los emigrantes de América Latina, cuando estos no son peligrosos para las instituciones fundamentales de este país.

Recuerdo mis lecturas sobre percepción del otro –que siempre es un enemigo potencial– y el comportamiento de los inmigrantes que se establecen en “ghetos”, –como los judíos en casi toda su historia dolorosa–, y los irlandeses, e incluso los alemanes, en los años fundacionales de esta república. Son los que nosotros llamamos “nichos”.

El tema se presta para mucho, dice el rector Torres, “y como ya es hora de almorzar, quiero invitarlos a un almuerzo”. Al instante, estamos en un restaurante mexicano, comiendo tacos, como han adivinado. Porque aquí, en esta parte de los Estados Unidos, la gastronomía está dominada por la imaginación culinaria de México, que le da sabor a la oferta de Estados Unidos, que, “como usted sabe –me dice en amistosa complicidad– no tiene la fuerza y el sabor de las comidas de los latinos. No olvide, me dice, que los portorriqueños también lo somos”.

Reímos en fraterna complicidad, mientras saboreamos los olorosos platos mexicanos. Unidos por el compromiso con los pobres, la investigación de las culturas y la fraternidad de los cientistas sociales, unidos por métodos, admiraciones culturales y por similares finalidades. Nos despedimos tres horas después, orgullosos de haber iniciado una esperanzadora amistad.

McAllen, diciembre del 2022.

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