¿Traicionarán a los caudillos?

MA
/ 24 de enero de 2023
/ 12:23 am
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¿Traicionarán a los caudillos?

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Juan Ramón Martínez

Estamos nerviosos. Tememos que otra vez, las cosas se nos vayan de las manos. Y los políticos, pierdan el control de los nervios. Y empujen a los más pobres a que, se den de palos, entre sí. Por la integración de la Corte Suprema de Justicia que, en la tradición política, ha sido controlada por el Poder Ejecutivo, en abierta oposición a las doctrinas democráticas. Mientras se hace un ejercicio público de apertura y modernidad, en la obscuridad, negocian -sobre las vestiduras rotas de la República- la distribución de los abogados. “Este para mí; y este otro para ti”. “Y como gané las elecciones, tengo derecho a más abogados que tú y tu”. Al final, parece que los jugadores -antes eran dos, ahora son cuatro-, se han puesto de acuerdo. Lo confirma Zelaya, el Leviatán desencadenado, “yo el supremo”, -el primer presidente no elegido de la historia-, que ha desactivado la orden para que los colectivos asediaran los diputados. Ordenándoles “manténganse, tranquilos”. Lo que no deja de ser bueno, porque al fin de cuentas, los políticos siempre son así; y entre más caprichosos, la alternativa fácil es, darles gusto. En la inocente creencia que después, no pedirán más. Los “niños” son insaciables. El que se acuesta con ellos, amanece enfangado. Si dudan, pregúntenle a Nasralla.

En todos los países del mundo los políticos nombran de forma directa o indirecta a los jueces. España, recién acaba de salir de una crisis paralizante, mediante negociaciones que siempre son esperanzadoras, cuando se hacen pensando en los intereses de la colectividad. De modo que el problema no está en la negociación, sino en la orfandad de algunas sociedades que, como la nuestra, no tienen profesionales del Derecho suficiente fiables, virtuosos y valientes que una vez en el cargo, le digan que no a las órdenes de quienes -de alguna manera- han influido en sus nombramientos. Es aquí en donde está el problema. Por ello, duele más.

¿Las familias hondureñas, están tan dañadas que no ofrecen a la sociedad miembros decentes, equilibrados, independientes, éticamente formados, respetuosos de la ley y el orden que, una vez egresados de la universidad, puedan ser jueces de la República? No estoy pidiendo que todas las familias de Honduras sean decentes, porque estamos en crisis; y, los comportamientos éticos son la excepción, privando el oportunismo, el fin sobre los medios; y el éxito a toda costa, aunque se tenga que entregar el alma al diablo. Eso lo sabemos. Solo estoy pidiendo, como Dios en su regateo con Noé, que haya entre nosotros, quince personas honorables, profesionales del Derecho, con suficientes conocimientos de esa importante materia, que, ante los casos controvertidos. ¿Y, sometidos a su consideración, actuaran independientemente y sin obedecer recomendaciones de quienes han “votado” por ellos?

No niego mi pesimismo. Soy de los realistas encubiertos. Pesimista porque soy un realista bien informado que, conoce a los que hemos entregado nuestro futuro. Que sabe bastante de la calidad de quienes manejan nuestras vidas, y dicen protegernos. No renuncio a aceptar que en el país hay centenares de personas libres, orgullosas, éticamente definidas, que diferencian el bien del mal. Y que, optan por el bien, no para recibir aplausos o prebendas de sus jefes o dioses superiores, sino que, como seguidores de Kant y Spinoza, escogen el bien por el bien mismo. Existen esas personas que, frente a la ley, no se quiebran; ni se arrodillan. Los conozco. Esta larga vida me ha permitido, mucho más que a otros, saber quién es quién, más allá de las componendas; o los autorretratos falsificados; por los espejos tramposos. En la UNAH, conocí a compañeros y profesores, honorables y honrados. En mis gestiones y actividades públicas y privadas, he conocido muy buenos profesionales, así como ha trúhanes con títulos, capaces de entregar el honor de sus cónyuges, a cambios de una sinecura que dispensa el poder como mazorcas de maíz, a los cerdos que se revuelcan en el cieno.

Por ello, hombre de fe y con esperanza en el futuro, creo que la mayoría de los escogidos, serán esclavos de la ley y le harán la puñeta a los “chiviadores” que los escogieron, en las turbias negociaciones con el diablo, en la noche obscura de la ignominia. Brindo, anticipadamente, porque ¡traicionarán a los caudillos!

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