Carlos Prince ¿librero filibustero?

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27 de enero de 2023
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Carlos Prince ¿librero filibustero?

Por: Juan Carlos Arosemena*

Carlos Prince Letcher (París, 1836-Lima, 1919) jugó un rol importante en la industria del libro del siglo XIX. De pequeño aprendió la tipografía y el arte de elaborar libros, actividad que en Francia lo llevó a conocer a importantes personajes de la literatura universal como Honoré de Balzac. De joven decidió emigrar a América siendo su primer destino Canadá, luego Estados Unidos, Nicaragua, El Salvador, Chile y el Perú donde en 1863 se casó asentándose en Lima. Trabajó en diversas imprentas y periódicos locales hasta que en 1881 fundó su propia librería e imprenta denominada El Universo.

Su editora publicó algunos clásicos de la literatura peruana como las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma desde la quinta a la séptima serie. Además, de otras publicaciones de Manuel Ascensio Segura, Juan de Arona, Manuel Moncloa, Mercedes Cabello de Carbonera, etc. De esta última, Prince -hombre que asumía riesgos- se encargó de publicar su novela Blanca Sol de corte social, en la cual criticaba el materialismo de la clase alta peruana y el rol secundario de la mujer al ser considerada menos que los varones.

Prince, asimismo, fue autor de textos de literatura peruana como el Bosquejo de la Literatura peruana colonial, la serie Lima antigua y el Suplemento a la Bibliotheca peruana colonial. “No cabe duda que, la sección más prestigiosa de la imprenta del Universo era, sin duda, la literaria. (…) Tenía una colección de novelas de autores extranjeros, entre los que destacaban Poe, Goethe, Dickens, Scott, Balzac. Incluso contaba con ejemplares en el idioma original, principalmente de novelas y ensayos franceses como Nouvelle Héloïse de Rousseau y Essai sur les moeurs et l’esprit des nations de Voltaire” (Pastor, 2017).

Un pasaje de la historia personal de Prince poco conocida es su paso por Centroamérica y su militancia en las fuerzas de William Walker en su juventud. Prince solicitó que su testimonio sea publicado post mortem, lo cual ocurrió en 1926 en un texto del peruano Enrique D. Tovar en El Ateneo de El Salvador. Pese a que, acorde a él, nunca hizo daño a nadie en Nicaragua, por este episodio de su vida podría ser etiquetado como filibustero, razón suficiente para no difundirla en vida.

“Entregáronnos sendos fusiles y una cartuchera con su dotación de tiros; y nos notificaron, irónicamente, que desde ese instante teníamos que conquistar, por medio de las armas, la futura propiedad de tierras. Cada cual vestía sus propias ropas (…). El jefe de esa banda de filibusteros, William Walker, tirano astuto, había reclutado gentes en Nueva York, Nueva Orleans y San Francisco, contando con el apoyo indirecto de su gobierno” (Tovar citado por Molina, 2007). El charco de sangre surgido producto del fusilamiento del coronel guatemalteco Valderrama marcó al joven Prince. Se convenció de que debía desertar y abandonar esta insana empresa. Poco después, se encontró a las fuerzas del general Belloso ante quien se entregó. “Quince días permanecimos en el campamento, recibiendo testimonios de cariño, de los jefes y oficiales. Nuestra holgada vida en Masaya, fue antítesis de la infernal que vivíamos al lado de Walker” (Tovar citado por Molina, 2007).

Prince quedo siempre agradecido con la hospitalidad y el perdón centroamericano. “Nuestra llegada suscitó algún alboroto, pues los naturales deseaban ver “cómo eran los filibusteros”. Sin embargo, el trato que recibimos fue muy cariñoso -lo mismo que en otras poblaciones de nuestro recorrido- y aún el presidente de la República hízonos llamar, mostrándose afectuosísimo” (Tovar citado por Molina, 2007).

El editor francés, quizá no lo notó del todo, pero testimonió la entrega y solidaridad de las fuerzas unidas de los estados centroamericanos que luchaban por el respeto a su soberanía contra el expansionismo estadounidense justificado por el destino manifiesto. Este episodio de su vida fue el capítulo histórico más relevante, sin desmerecer su aporte a la cultura en Perú. Como se recuerda William Walker fue ejecutado en Trujillo, Honduras, un 12 de septiembre de 1860. Concluyó, así, su absurda expedición conquistadora.

* Diplomático, filósofo, Lic. en Relaciones Internacionales y jefe de la Sección Consular de la Embajada del Perú en Honduras

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