¿QUIÉNES GANARON?

MA
/
28 de junio de 2023
/
12:25 am
Síguenos
  • La Tribuna Facebook
  • La Tribuna Instagram
  • La Tribuna Twitter
  • La Tribuna Youtube
  • La Tribuna Whatsapp
¿QUIÉNES GANARON?

EVACUANDO mensajes del colectivo a editoriales anteriores, para que no queden traspapelados: “¡Uyuyuy! –escribe una amiga– al paso que vamos, en esta Honduras, San Pedro nos abrirá las puertas del cielo, con solo mostrar el pasaporte de procedencia”. Otra lectora con un poquito de buen humor: Un hombre muere, y va al infierno. Allí descubre que hay un infierno para cada país. Va primero al infierno alemán, y pregunta: – “¿Qué te hacen acá?”; y el último en la fila le dice: – “Aquí, primero te ponen en la silla eléctrica por una hora, luego te acuestan en una cama llena de clavos, por otra hora, y el resto del día, viene el diablo alemán, y te da latigazos”. Al personaje no le gustó para nada, y se fue a ver en qué consistían los otros infiernos. Tanto el infierno estadounidense, como el ruso, y el resto de los infiernos de distintas naciones hacían lo mismo. Entonces, nota que en el infierno hondureño hay una fila llena de gente esperando por entrar. Intrigado, pregunta al último de la fila: – “¿Qué es lo que hacen acá?”; y el individuo le dice: – “Aquí te dan electroshocks en una silla eléctrica por una hora, luego te tiran en una cama llena de clavos por otra hora, y el resto del día, viene el diablo hondureño, y te da latigazos”. – “¡Pero, es exactamente igual a los otros infiernos!; ¿por qué hay aquí tanta gente queriendo entrar?”. – “Porque nunca hay luz, la silla eléctrica no sirve, los clavos de la cama se los robaron todos; y el diablo, como es paracaidista del gobierno, viene, firma y se va”.

Otra contribución: “Cuando leí sobre la política de la autoridad educativa en Suecia me alegré mucho porque la decisión de ellos será seguida por otros países, con deseos de darle una educación de excelencia a sus niños y jóvenes; así como Francia prohibió el uso de celulares en las escuelas y, con seguridad, imitará el ejemplo de Suecia”. “Esa decisión de más libros a las aulas no es antojadiza, está basada en estudios científicos serios. 1. Ayudan al desarrollo y perfeccionamiento del lenguaje; 2. Aumentan el vocabulario y mejoran la ortografía; 3. Amplían los horizontes del individuo permitiéndole ponerse en contacto con lugares, gentes y costumbres lejanas a él en el tiempo o en el espacio; 4. Desarrollan la capacidad de juicio, de análisis, de espíritu crítico; 5. Potencian la capacidad de observación, de atención y de concentración; 6. Mejoran la expresión oral y escrita y hacen el lenguaje más fluido; 7. Facilitan la capacidad de exponer los pensamientos propios; 8. Estimulan y satisfacen la curiosidad intelectual y científica; 9. Es una afición para cultivar en el tiempo libre, un pasatiempo para toda la vida”. Otra opinión: “El problema de leer en las tabletas o en las redes donde encontramos publicaciones de todo tipo es que uno no se concentra y salta de una información a otra; uno se informa superficialmente; de ahí la importancia de los libros”. Como decía Séneca con respecto a la filosofía que es aplicable al conocimiento: “Toda la cosecha del pasado se agrega a su vida”. “Así se aprende”, y “enseñando es como aprendemos”.

Otro mensaje: “Recuerdo, como si fuese ayer, que cuando se viajaba en tren o en el metro en ciudades grandes de otros países, cómo la mayoría de las personas acostumbraban ir leyendo un libro mientras llegaban a su destino, y hablo de chicos y grandes, sinónimo de cultura”. “Con el pasar del tiempo, tristemente, eso se fue perdiendo y ahora vemos a chicos y a grandes prendidos de su celular o de su IPAD y no es culturizándose”. Otra opinión: “Contestando la pregunta del editorial que se lanzó a manera de colofón, al final del mismo, diríamos que todos los que no leen se llevan el Cum laude de la ignorancia”. Otro lector: “Basta con escuchar las locuras que se les ocurren a muchos políticos, especialmente a los diputados, para otorgarles la mención honorífica “Cum laude” a la ignorancia”. “Y los empresarios –con honrosas excepciones– compiten duro, para hacerse acreedores de la distinción”. (Y al fin –entra el Sisimite–¿anduviste, del timbo al tambo, de ceca en meca, preguntando a maestros, alumnos, políticos, diputados, empresarios, funcionarios, zombis; cuántos libros leían al año? – ¿Y para qué? –solloza Winston– si ya se sabe. Lo que hice fue una consulta entre el colectivo preguntando ¿cuál de esos grupos merecían el “Cum laude” de la ignorancia? Adiviná quiénes ganaron).

Más de Editorial
Lo Más Visto