¿Quién es Juan Carlos “El Tigre” Bonilla?

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9 de febrero de 2024
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¿Quién es Juan Carlos “El Tigre” Bonilla?

Por: ÓSCAR ESTRADA
Especial para LA TRIBUNA

NUEVA YORK. El exgeneral de policía hondureño, Juan Carlos Bonilla Valladares, conocido como “El Tigre” Bonilla, se declaró culpable esta semana frente al juez Kevin Castel, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York, poniendo fin a una carrera polémica y compleja de tres décadas. Ocupó cargos de alto rango, incluido el de jefe Regional de Policía con autoridad sobre lugares en el oeste de Honduras y jefe de la Policía Nacional de Honduras entre 2012 y 2013.

Bonilla ingresó a la Policía aproximadamente 1985. Antes fue militar, llegó hasta el rango de sargento y, según cuentan algunos oficiales que lo conocieron en esos primeros años, “alguien le dijo que podía entrar directo a tercer año en la academia de Policía” y entonces se cambió. Pero eso no ocurrió, le ingresaron a primer año y eso hizo que desistiera. Apenas duró unos días en la academia policial y posteriormente se fue a estudiar a Chile, donde terminó, ahora sí, graduándose de policía.

Bonilla tomó su apodo de un oficial del ejército, Mario “El Tigre” Amaya, muy famoso en los 80 y 90, por haber liderado al grupo de oficiales de su promoción, que provocaron la caída del general Gustavo Álvarez Martínez, en marzo de 1984. En los 90, Bonilla construyó su fama de oficial implacable y duro. Aunque nunca estableció verdaderas relaciones de amistad con sus compañeros de armas. Siempre le temieron. En 2002, el Ministerio Público lo acusó de haber asesinado a Jorge Luis Cáceres, alias “El Indio”, uno de los secuestradores del exsecretario de Economía, Reginaldo Panting, secuestrado el 18 de mayo del 2002 y encontrado muerto 15 días después, maniatado y con una soga al cuello en San Pedro Sula.

María Luisa Borjas, exdirectora de Asuntos Internos de la Policía, mencionó en su cuenta de Facebook en 2012, que “en el gobierno de Ricardo Maduro, “El Tigre” Bonilla fue denunciado de llevar a cabo ejecuciones extrajudiciales y asesinatos”. Borjas acusó a Bonilla de conformar un escuadrón de la muerte conocido como “Los Magníficos”, que se especializó en la ejecución de presuntos delincuentes. El 31 de julio del 2002, la Fiscalía allanó una casa de “Los Magníficos” en San Pedro Sula, en la que se encontraron pruebas relacionadas con más de 50 asesinatos. Media docena de las víctimas estaban involucradas en bandas de robacarro, afirmó María Luisa Borjas. Bonilla estuvo dos años prófugo por esa acusación y luego fue absuelto de todos los cargos. Fue reincorporado a la Policía en 2004.

En un examen sicológico realizado durante la investigación del 2002 se le diagnosticó con trastorno ansioso reactivo severo, esta es una condición psicológica caracterizada por una respuesta exagerada de ansiedad ante situaciones estresantes o desafiantes. Una persona con este tipo de trastorno, afirma la academia, puede reaccionar con una mayor propensión a la violencia en situaciones específicas, debido a una dificultad para regular las emociones.

Para 2009 a Bonilla se le conocía como uno de los oficiales de policía más violentos y eficientes del país. Su fama era nacional. Por eso se le puso a cargo de la represión contra las organizaciones en resistencia, contra el golpe de Estado de ese año. Existe incluso un video en donde se le ve planificando el arresto de Manuel Zelaya Rosales, si intentaba ingresar por la frontera de Las Manos, en julio del 2009. También se le relacionó con la represión de la manifestación en Alauca, que dio como saldo la muerte por 42 puñaladas del joven Pedro Magdiel Muñoz.

Según la acusación de la fiscalía en Nueva York, alrededor del 2010, Tony Hernández le dijo a Alexander Ardón, que junto a su hermano, entonces presidente del Congreso Nacional, ayudaron a Bonilla a avanzar en su posición dentro de la Policía y que, a cambio, “El Tigre” protegería sus actividades de tráfico de drogas. En 2011 Bonilla Valladares asumió el cargo de jefe regional de la Policía Nacional en occidente, encargándosele las operaciones en los departamentos de Copán, Ocotepeque y Lempira, de donde es originario Hernández Alvarado.

Aunque la acusación de la que ahora se declara culpable indica su colaboración con las estructuras del narcotráfico en esa zona, los reportes existentes de esa época lo señalan como un perseguidor implacable de las estructuras de los narcotraficantes, incluyendo a los Valle, Valle, Don H, El Rojo y Alexander Ardón. La muerte de Franklin Arita y sus tres guardaespaldas, ocurridas el 27 de julio del 2011 en Santa Rita de Copán, es atribuida por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York a “El Tigre” Bonilla, como parte de su colaboración con los narcotraficantes, luego que Ardón declarara que había pedido ese servicio a Tony y este le dijera que se lo asignaría a “El Tigre”. Existe información que señala que en Copán, Bonilla se confrontó abiertamente con quien era su segundo al mando, el comisionado Jorge Barralaga, a quien Bonilla denunció por sus vínculos con estructuras criminales, lo que, según dijo años después, llevó a su separación como jefe regional. Barralaga fue más adelante procesado y encontrado culpable de varios delitos incluyendo lavado de activos.

En octubre del 2011 ocurrió el asesinato de Rafael Alejandro Vargas Castellanos, de 22 años de edad y su amigo Carlos Pineda, de 24 años, el primero hijo de Julieta Castellanos, entonces rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Los asesinatos causaron mucha conmoción en la población, especialmente cuando se supo que habían sido realizados por agentes de Policía. Producto de la presión social, el presidente Porfirio Lobo Sosa retiró al entonces jefe de la Policía, José Luis Muñoz Licona y en su lugar nombró a José Ricardo Ramírez del Cid. Ambos fueron señalados luego, en un artículo publicado por el New York Times, de haber formado parte de la conspiración para asesinar al Zar antidrogas, el exgeneral Arístides González. Les sustituyó, en mayo del 2012, Juan Carlos Bonilla.

Los años 2010, 2011 y 2012 fueron años oscuros para la población hondureña. Esos años se asesinó al zar antidrogas, al consejero de la lucha contra el narcotráfico, Alfredo Landaverde, al fiscal de lucha contra el crimen organizado, Orlan Chávez, al periodista de HRN, Alfredo Villatoro, al periodista de canal 6 Aníbal Barrow y muchos más. Fueron los años que el país adquirió la tasa más alta de homicidios del mundo, llegando incluso a alcanzar 92 homicidios por cada 100,000 habitantes, en algunas zonas del país incluso superaba los 120 / 100,000. En muchos de esos incidentes se vieron involucrados miembros de la institución policial.

Bonilla asumió el mando de la Policía en 2012, el presidente Porfirio Lobo Sosa lo nombró con la misión de depurar la fuerza policial, pero los compañeros de armas lo rechazaron desde el inicio, porque nunca lo consideraron uno de los suyos. Muchos altos jerarcas de la Policía prefirieron incluso renunciar, a someterse al escrutinio por parte de “El Tigre” Bonilla. Le acusaron de retirar oficiales sin audiencia de descargo, de actuar de manera arbitraria con la depuración. De ese tiempo proviene la amistad que la rectora Castellanos dijo tener con Bonilla, pues él fue clave para lograr la investigación y arresto de los responsables de la muerte de su hijo.

En febrero del 2013, siendo director de la Policía Juan Carlos Bonilla, fue asesinado en un restaurante de Tegucigalpa, Óscar Roberto Ramírez, hijo del anterior director Ricardo Ramírez Del Cid. Ramírez del Cid acusó a “El Tigre” del asesinato de su hijo. Bonilla rechazó contundentemente la acusación, afirmando que si estaba por la zona del crimen se debió más a que vivía cerca e iba a su residencia. La tensión en la institución era evidente. Bonilla fue destituido del cargo de director de la Policía en diciembre del 2013, aunque él afirma que renunció, al verse incapaz de luchar contra las estructuras criminales de la institución. En su lugar fue nombrado Ramón Sabillón, que luego se vio forzado a dejar vacante su cargo y salir del país, tras arrestar a los Valle Valle.

Juan Carlos Bonilla fue nombrado en 2014, por el presidente Juan Orlando Hernández, agregado policial en Colombia; allí comenzó sus estudios de doctorado. Posteriormente, en 2016, el general Julián Pacheco Tinoco, luego que se instalara la comisión de depuración de la Policía, lo obligó a retirarse de la Policía Nacional, ofreciéndole un retiro honroso con una bonificación. Bonilla rechazó esta oferta, regresó al país y desapareció de la luz pública.

Hasta que su nombre volvió a surgir en el juicio de Tony Hernández en 2019. En 2022 fue capturado y extraditado a Estados Unidos, para que respondiera de los cargos de conspiración para traficar cocaína, posesión y conspiración para poseer armamento y explosivos. Él negó siempre los cargos, afirmó que esa era una conspiración de sus excompañeros de armas, en venganza por sus intentos de depurar la institución, hasta que se declaró culpable de “ayudar” a “algunos” a traficar cinco o más quilos de cocaína a Estados Unidos. “Sabía que era malo -lo que hacía- y tendría consecuencias”, dijo.

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