PELDAÑO POR PELDAÑO

ZV
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16 de junio de 2024
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12:02 am
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PELDAÑO POR PELDAÑO

COMO sociedad quisiéramos alcanzar la más alta cima de los anhelos patrios de un solo jalonazo. (¡Y cuántas veces en una sola jornada!). Pero la experiencia de varios siglos enseña que la historia es metódica, que raras veces las agrupaciones humanas heterogéneas dan saltos hacia el vacío. Más bien el discurrir humano pareciera analogarse con los flujos y reflujos de las olas marinas, que chocan estrepitosas contra las rocas o terminan suavemente entre los arenales. O analogarse con el ascenso gradual sobre unos peldaños de madera, de barro, de piedra, de hierro y hasta de mezcal.

Aquellos que se han dado a la tarea precipitada de “quemar etapas” han demostrado, en contra de sus propios deseos, que al final de una larga jornada las sociedades prefieren retornar a sus puntos de partida, o dar varios pasos hacia atrás, con el objeto de corregir errores estratégicos y humanizar los procesos civilizatorios. O volverlos más realistas. Toda vez que los pueblos en general desean respirar oxígeno, conseguir alimentos, agua potable, medicamentos indispensables y unos empleos más o menos dignos.

Los peldaños o escalones pueden también desnivelarse por el uso, por el desuso o por el transcurrir del tiempo, y en vez de la ilusión óptica del ascenso que todos quisiéramos, lo que ocurre es un descenso casi imperceptible de los individuos o sociedades, hasta llegar al abismo de lo indeseable. Por eso es saludable poseer una mirada limpia y desprejuiciada respecto de la mayoría de las cosas, y al mismo tiempo conocer, en lo probable, los límites de cada momento histórico, a fin de evitar las veleidades y vaciedades.

Aclarados los términos, es deseable que nuestra Honduras fuera un país que ascendiera, peldaño por peldaño, con velocidad pero sin precipitar las cosas, a lo más alto del bienestar económico, social y espiritual, involucrando al mayor número de segmentos poblacionales, tanto de los que viven adentro trabajando cada día, como de los que viven afuera aportando con grandes sacrificios el sostenimiento de muchísimos familiares y la subsecuente reserva internacional de divisas. No se debe perder de vista ningún aspecto vital en estos esquemas. Se debe, por el contrario, poseer una mirada anticipatoria de todo lo positivo y lo negativo que pudiera ocurrir, incluso en los peores escenarios.

Para lograr el culmen de nuestros sueños debemos partir de los diagnósticos pasados y presentes de la sociedad. Una radiografía del sector agroexportador, con datos concretos, es indispensable al momento de saber hacia dónde se dirige la nave hondureña, aun cuando la agricultura catracha, en términos generales, continúa siendo “bicultivista”, con una ganadería extensiva que daña los valles y los bosques sistemáticamente. Y, además, que existe un gigantesco déficit en materia de irrigación agrícola, por lo cual es difícil alcanzar (nunca imposible) los rendimientos científicos en este renglón.

Además de los límites reales en los dos rubros anteriores, continúa pendiente el capítulo de la producción de energía eléctrica en lo que concierne a las represas tradicionales y a las demás fuentes de energía renovable, tan en boga en el mundo entero, inclusive en países pequeños, con escasas posibilidades hidrológicas. En consecuencia, necesitamos ir creando, peldaño por peldaño, pero sin perder el tiempo, una economía nacional insertada en los mejores mercados reales a fin de sobrevivir como Estado y como nación, por aquello de las avalanchas de las sociedades poderosas y de los enigmas desconocidos que podrían caer, de un día para otro, encima de todos nosotros.

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