“LA ESCUELITA DEL BOSQUE”

ZV
/
22 de junio de 2024
/
12:42 am
Síguenos
  • La Tribuna Facebook
  • La Tribuna Instagram
  • La Tribuna Twitter
  • La Tribuna Youtube
  • La Tribuna Whatsapp
“LA ESCUELITA DEL BOSQUE”

ME he tomado un descanso –mensaje de voz de la nena de los cuentos– de los editoriales, porque no entiendo nada de nada y es muy aburrido”. “Tienes que volver a hacer cuentos”. Como de variar entre los gustos del colectivo se trata, complacemos peticiones: “En una pequeña escuela en el bosque, los animalitos estudiantes asistían a clases todos los días. Winston el chuchito que siempre llevaba un libro bajo el brazo. Le encantaba leer y cada momento ocioso que tenía se sumergía en historias fascinantes, llenas de aventura. Nube, la paloma, cargaba una mochila pesada, llena de libros y cuadernos, sobre sus alas aterciopeladas. Hans, el ganso, utilizaba una pluma, sacada de su fino plumaje, para escribir cuentos ensoñadores. Sus relatos repletos de narraciones imaginarias de las travesuras de sus otros compañeros. Platero, el burro; Holgazán, el oso perezoso; Sonámbulo, el kakapo; y la Clara, una lora parlanchina.

Esos, y otros compañeros de aula pasaban la mayor parte del tiempo distraídos en frivolidades. Haciéndole bromas pesadas a Winston, a Nube y a Hans, y jugando con sus teléfonos iPhone. Ya no era un pasatiempo, sino adicción hipnótica a las pantallas tecnológicas. Con los deditos ocupados mandando emojis –nada de palabras, si gracias podían hablar; su vocabulario era horroroso– por las aplicaciones de mensajería de sus chunches digitales. Viendo videos de TikTok, jugando videojuegos, y tomándose “selfies” para postearlos en Instagram. Nada cultural o educativo sino la guasa veleidosa que ameniza a los ociosos. Rara vez prestaban atención en clase o dedicaban tiempo a estudiar. Confiaban que con la información dispersa, abreviada y superficial que les llegaba por las redes sociales y la ráfaga del basural que intercambiaban, les bastaba y les sobraba para coronar. Cada día, después de clase, Winston, Nube y Hans se reunían bajo el gran roble para leer juntos, compartir historias y aprender de los libros que amaban. Winston leía en voz alta, Nube anotaba pasajes en su diario y Hans escribía cuentos inspirados en sus lecturas. Hasta que llegó el día del juicio final. El maestro, Bubo Bubo, un búho real, anotando la fecha en la pizarra, anunció que se prepararan para el examen final y ofreció dar lecciones de repaso a quienes quisieran asistir. Solo Winston, Nube y Hans fueron a las charlas. Los demás animalitos, aunque ansiosos no se sentían preocupados, confiando que, así como habían aparentado durante todo el año, podrían arreglarse de alguna manera. La semana de repaso la pasaron, exhortos en sus “tablets”, disfrutando con jugadores de otros cursos, compitiendo online, sus videojuegos preferidos. El día de la evaluación el profesor Bubo Bubo repartió las pruebas. Winston, Nube y Hans estaban tranquilos y concentrados, mientras que Platero, Holgazán, Sonámbulo y la Clara parlanchina, se veían nerviosos y confundidos. Ni las preguntas verdadero y falso acertaron; si solo contaban con información falsa y los “fake news” que sacaban y compartían, de las redes sociales. El trío de estudiosos sacó 100%, acreedores a medallas de distinción, motivo de orgullo en sus hogares. Los animalitos adictos, ociosos, perezosos, cosecharon lo que sembraron: “Ceros” más redondos que ellos”.

(¿Y ese Winston –entra el Sisimite– es pariente tuyo? -Por supuesto –responde Winston, es Winston júnior, mi hijo. ¿Y cuál sería –interrumpe el Sisimite– la moraleja de la fábula? -Obvio –responde Winston– jugar y distraerse es menester, pero no debe ser lo único que hagamos. La lectura y el aprendizaje son esenciales para crecer y entender el mundo que nos rodea. -Pero además –agrega el Sisimite– si bien la tecnología nos da esos chunches y portales para la consulta, deben aprovecharse para lo constructivo, lo educativo, lo formativo –nunca como ahora la comunicación ha sido tan fluida, tan vasta, tan inmediata y rica en información– y no para la adicción enfermiza de pasar metido todo el día disfrutando de las banalidades. -Debe equilibrarse –recomienda Winston– el uso del tiempo entre el juego y lo formativo. También la diversión se encuentra en las páginas de los libros. Nada sustituye la socialización cara a cara, que forja relaciones y amistades duraderas. No esa fría correspondencia por aparatos inteligentes, más inteligentes que sus dueños. El balance, como en todo lo demás, es necesario para no desperdiciar la corta o larga vida que recibimos como regalo divino).

Más de Editorial
Lo Más Visto