¿LO GRAVE Y LA LEY DE GRAVEDAD?

ZV
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8 de julio de 2024
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12:53 am
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¿LO GRAVE Y LA LEY DE GRAVEDAD?

DESPUÉS de 14 años en el poder los conservadores sufren su colosal hundimiento en las elecciones del Reino Unido. 412 escaños para los laboristas, frente a 121 de los tories. Cae el primer ministro del hasta hace unas horas partido oficialista y asume el líder de la victoriosa oposición. Recopilando. El auge de las derechas europeas, de los últimos tiempos, inició con el populismo del Brexit. Las consignas euroescépticas calaron hondo en el ánimo aislacionista, nacionalista y anti inmigratorio de sectores mayoritarios de la sociedad inglesa. Todos aquellos que se sintieron perdedores dentro de la globalización. Solo que, durante la gestión del proceso de salida del bloque integracionista, afloraron las divisiones profundas dentro del mismo partido. (Unos empujando la separación y otros renuentes al divorcio). Ello –en medio de repetidos escándalos y malas negociaciones– motivó los frecuentes cambios de liderazgo del partido, cuyo efecto colateral fue la pérdida de confianza entre los electores.

“La salida de la UE ha dañado las relaciones internacionales y la posición del Reino Unido en el mundo”. El aumento del costo de vida, las impopulares políticas de austeridad que afectan comunidades muy vulnerables, la mala gestión de los servicios públicos, interrupciones en el comercio, problemas en la cadena de suministro, produjo la percepción de mal manejo de la crisis económica. Desilusión de los votantes por promesas del Brexit incumplidas deterioraron la confianza de los conservadores. El Brexit “polarizó la sociedad británica generando un clima de inestabilidad e incertidumbre”. El impulso inicial hacia el Brexit fue alimentado por una retórica populista que “enfatizaba la soberanía nacional, el control de las fronteras y una supuesta recuperación del poder de las “élites” de Bruselas”. “La narrativa atrajo a muchos votantes que se sentían desilusionados con el estatus quo”. En un intento por atraer a la clase trabajadora –que tradicionalmente apoyaba a los laboristas– los conservadores “adoptaron políticas populistas de gasto público más generosas, que abonaron al desplome de la economía”. Ensayaron una retórica dura sobre la inmigración, “tratando de captar a los votantes preocupados por la seguridad y la identidad nacional”. Muchos votantes que inicialmente apoyaron el Brexit “cambiaron su lealtad cuando los efectos prácticos de estas políticas no mejoraron sus condiciones de vida”. Sumado a que los más jóvenes, simpatizantes de los laboristas –muchos no apoyaron el Brexit porque ya se sentían europeos– se la cobraron doble. “De allá para acá y durante ese largo trayecto, los laboristas fueron tejiendo coaliciones con votantes jóvenes y urbanos” como con las regiones desilusionadas con las políticas de “socarse la faja”, y por lo que el Brexit prometía que no entregó.

(¿Quién fue –entra el Sisimite– que dijo “lo que sube tiene que bajar, a menos que se quede arriba? -Es la ley de gravedad –interviene Winston– aunque lo grave es que las tiranías son las que buscan eternizar y quedarse arriba. -Pero aquí –interrumpe el Sisimite– lo que aplicaría es la oscilación del péndulo. -Eso –responde Winston– ya días fue cubierto en otros editoriales. Los indignados, más que votar a favor de algo, se desquitan contra lo que les cae mal. Y por eso el vaivén de uno a otro extremo. -Pero ¿a qué obedece –pregunta el Sisimite, alusivo a lo que acabamos de cubrir de los extremos– que mientras en otras partes de Europa la tendencia va a la derecha, los ingleses se acaban de apear a los conservadores? -Es que a la gente –ironiza Winston– no hay chunche que le acomode; se aburre de lo mismo y hoy vota a la diestra y mañana a la siniestra. Sobre el giro de los ingleses hacia ese lado, mientras otros van para el otro, bien podría decirse “cuando vos vas, yo ya vengo”. -O sea –indaga el Sisimite– lo que insinuás es ¿que los ingleses ya probaron el populismo y desencantados de lo que aquellos deshicieron, ya vienen de regreso? -Más o menos –responde Winston– mientras estos prueban arreglar el desparpajo, pero si la cosa no mejora, solo es cosa de tiempo para que igual les apliquen la ley de gravedad).

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