LETRAS LIBERTARIAS: La segunda temporada del populista

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10 de julio de 2024
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12:04 am
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LETRAS LIBERTARIAS: La segunda temporada del populista

Esperanza para los hondureños

Por: Héctor A. Martínez (Sociólogo)

Nayib Bukele prometió, después de vencer a los maleantes, que la siguiente fase de su programa de gobierno se centraría en mejorar la economía. “Ahora que arreglamos lo más urgente, que era la seguridad, vamos a enfocarnos de lleno en los problemas importantes, empezando por la economía”, dijo el día de su segunda y controvertida investidura.

Tuve la sensación de que tendría que cambiar mi opinión acerca de la forma operativa del mandatario salvadoreño. Pero ¿a cuál economía se refería Bukele, a la de mercado libre? Eso pensé al inicio, pues no hay otra manera de generar riqueza que no sea aplicando un capitalismo competitivo y no el de los compadres cercanos al poder, como se ha acostumbrado en la mayoría de los países de América Latina, incluyendo el nuestro.

Pero resulta que la primera medida económica del mandatario no puede ser más populista: tratar de controlar los precios, amenazando a los importadores de productos alimenticios, sin estimar que esas medidas no hacen más que generar polarización y odios. Este discurso inflamable nos recuerda los saqueos ordenados por el régimen de Nicolás Maduro en el 2016 contra las tiendas “Daka”, justificando usura y precios muy elevados. Luego vino el pandemónium.

Haciendo uso de un lenguaje similar al que utilizaba cuando retaba a los pillos, Bukele advirtió con aire desafiante: “Espero precios más bajos o van a tener problemas. Todos están fichados”. Luego vienen los aplausos de las masas sedientas de demostraciones viriles y cojonudas, que tanto emocionan a los latinos cuando hace su aparición el sobrehumano de Nietzsche. Entonces, la política adquiere su forma más burda: justo cuando la ordenanza autoritaria suplanta a los consensos que exige una verdadera democracia.

En realidad, el anuncio no es más que un “remake” del discurso antidelincuencial, que ya presenta signos de desgaste y aburrimiento. Procurando mantenerse en el ranking, como si se tratara de un “hit” del Billboard setentero, el presidente salvadoreño se recarga peleando contra el nuevo “enemigo” del pueblo: el comerciante. En su arenga politiquera, Bukele apela a lo que Moisés Naím denomina en “La revancha de los poderosos”, las 3P del autoritarismo, a saber: populismo, posverdad y polarización, una fórmula muy efectiva que se ha puesto de moda en varios lados del continente y con muy buenos dividendos.

Bukele busca en cada tema el epicentro de su momentánea política: la delincuencia primero, y luego el alto costo de la vida reflejado en las encuestas, como la que recientemente hizo la Universidad Francisco Gaviria. Es decir, podemos imaginarlo en el futuro cercano anunciando a su país, libre de los especuladores y usureros, y con algunos comerciantes en la chirona. Seguidamente, algunos incapaces querrán sacar las garras imitando el “modelo”.

La esencia de la agenda bukeleana es fácil de descifrar cuando se apela a la razón con frialdad objetiva: unanimidad, opinión favorable, votos, legitimidad. La redención moral, la eliminación del mal, la profilaxis de la sociedad; todo ello conjuntado en el “más cool”, el esperado por las masas.

La forma de dirigir una sociedad que busca salir de la pobreza no es a través del mandato populista, sino del consenso. Pero, cuando no se tiene esta capacidad de articulación sectorial, y lo que se parapeta detrás del poder es otra cosa, entonces se acude a la ordenanza personal, que es, en esencia, la antítesis de la libertad social y económica. Se trata de la fase recargada del populismo, la del autoritarismo de marras.

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