Crisis económica, lo peor

Crisis económica, lo peor
ZV
/ 21 de agosto de 2020
/ 12:44 am
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Por: Juan Ramon Martínez

Lo peor no ha pasado. Ahora viene lo difícil. La crisis económica que, no es de ahora; es más complicada y que hemos colectivamente disimulado, por cuatro razones básicas: 1. Las élites nacionales no han tenido como objetivo, el desarrollo del país, el bienestar del pueblo, que solo les interesa, como votantes para ganar elecciones. 2. La falta de una burguesía nacional que, aliada a un partido moderno, hayan colocado en el centro de su visión, el crecimiento económico, la justa distribución del producto social y el aumento del poder de Honduras en los mercados internacionales. 3. La baja autoestima colectiva, la disposición a la dependencia y a la creencia que los problemas del país, serán inevitablemente, obra de los extranjeros; y 4. La baja productividad media del hondureño que, en el exterior, busca el éxito y se afana por lograrlo; aquí se conforma con lo mínimo, porque sabe que sus compatriotas, no celebrarán su éxito. Mientras en Estados Unidos, la peor ofensa es, ser llamado “fracasado”; aquí, los que engordan, lucen saludables y tienen éxito, son mal vistos y rechazados. Tenemos muchas personas talentosas que, pudiendo hacer inversiones, mejor compran casas para alquilar y en la UNAH, no se estudia el capitalismo, posiblemente, por no correr el riesgo de no entender la “teoría del valor” de Karl Marx.

Aunque no comparto las visiones negativas de otros, no acepto que aquí no hayamos hecho nada. Hemos mejorado. Pero lo hemos hecho tan lentamente, que nos hemos tardado, más de cincuenta años, en duplicar el volumen de nuestras exportaciones, mientras Guatemala, Costa Rica y El Salvador, lo han hecho en menos tiempo. De allí, la burla y menosprecio, que nos “dispensan” los gringos, mexicanos y centroamericanos. Y que, como es una cosa de tiempos, a la mayoría, no nos molesta que nos digan “haraganes”, y más bien casi lo reclamamos, porque consideramos que, es la oportunidad para pedir. Y que inmediatamente, nos darán limosnas.

La expectativa de vida ha mejorado, la población ha crecido; las ciudades principales están comunicadas por vías pavimentadas y no encontramos descalzos. Solo algunos, en la otra Honduras –porque es cierto, aquí hay por lo menos siete como sostiene Manlio Martínez– con habitantes con sus diferencias verificables, no solo en el carácter, el lenguaje, sino que en los logros alcanzados. Podemos ir en menos de diez horas, en automóvil particular a la más lejana cabecera departamental, con la excepción de Puerto Lempira. Tenemos en Puerto Cortés, el mejor puerto del Caribe centroamericano. Nos podemos comunicar telefónicamente con casi todo el país y contamos con cobertura eléctrica muy generalizada y con Internet en un poco más de 45% de los hogares. Contamos con más hospitales e incluso, los niños y jóvenes de más de 40 años, tienen la cabeza más grande porque ha mejorado la alimentación de sus padres y de ellos, desde un día de nacidos, hasta los cinco años. Las parteras, tan populares e influyentes — recuerdo a “China” Navarro que era la que traía al mundo a casi todos mis paisanos de Olanchito– han desaparecido del escenario, y la mayoría de los hondureños, ahora, nacen en hospitales.

Pero sí hemos hecho tales avances, que muestran nuestras capacidades, donde están los problemas para enfrentar la crisis económica? En la cultura hondureña. La actitud débil, la falta de carácter y de orgullo, nos ha producido un comportamiento de irrespeto a la ley, favorecido el uso del gobierno –no como gerente del bien común– sino como botín de los gobernantes. Esto no es de ahora, como piensan algunos “ilustres”. Por ello, no hemos tenido una democracia sólida; un capitalismo social de mercado, sino uno de “compadres” que, estimula la corrupción. Pero lo peor, es que no hemos tenido una “clase” gobernante comprometida con un proyecto nacional, sino que –con excepciones– una formada por los más tontos, menos leídos. Elegidos, por los más “bobos”. Las últimas reformas, — insuficientes como es natural–, fueron efectuadas por Villeda Morales. Desde esa época, la ley ha sido usada para proteger el poder y debilitar la participación popular. Y esto, no es accidental. El sistema educativo, trabaja para producir “tontos” que, elijan “tontos” que, no saben qué hacer ante la crisis, ante que los médicos, no pueden ayudarnos. Enterrar muertos duele. Es más difícil, producir bienestar.

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