Músico, un concierto y dedicatoria

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/ 25 de septiembre de 2020
/ 12:03 am
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Músico, un concierto y dedicatoria

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Músico, un concierto y dedicatoria, Por: Juan Ramón Martínez

Lo conocí en abril de 2017. Había llegado a Santa Rosa de Copán para participar en un diálogo con una poetisa y doctora en Letras y un argentino radicado allí, interesado en la poesía. La asistencia en horas de la tarde fue lo mejor. Pero me equivoqué, en el programa estaba anunciado para la noche, la presentación de un coro universitario y concierto de piano por un renombrado pianista. Otra vez la Casa de la Cultura estaba llena, preferentemente por jóvenes universitarios de ambos sexos. Uno de ellos, sentado a mi lado, me dio información puntual sobre la destrucción del bosque en nombre de las urbanizaciones que obliga el crecimiento de la ciudad. Me animó para que me pronunciara, cosa que hice para disgusto del alcalde municipal. Cuando empezó el concierto, me llevé la gran sorpresa: el director del coro y la orquesta, nos dedicó el concierto a los dos visitantes de Tegucigalpa. Uno de los cuales era yo. Todavía no salgo del asombro. Nadie me ha escrito una canción, dedicado una poesía o un cuento. Y mucho menos una novela. De modo que dedicarme un concierto, es una cosa que posiblemente, nunca volverá a ocurrirme. Como es natural, no podré olvidar su nombre. Especialmente porque al concluir, lo que para mí fue una verdadera epifanía, subí al foro y le agradecí. Y el maestro, con una sonrisa suave y tierna, me pidió, para mi sorpresa, que le permitiera tomarme una foto con él. Como explicación me dijo, es que “mi esposa es gran admiradora suya”. Era el maestro, pianista consagrado, Sergio Suazo Lang. Por Armando García me he enterado que el maestro y compositor, Suazo Lang había nacido en Comayagua en 1956. Y estudió música en Perú, durante seis meses, “y comencé mis primeros cursos de piano con el maestro Rafael Prieto Valverde, del Conservatorio Nacional de Música. Él fue el que me inició y sobre todo quien me indujo a continuar la carrera musical. Eso fue en 1976”. El maestro Suazo Lang tenía 20 años. Después ingresó a la escuela Victoriano López –tan importante para la cultura nacional– por seis meses. Viajó a Guatemala para ingresar al Conservatorio Nacional de Música, durante un año. Mientras que en 1979, viajó a Canadá “para ingresar, –según la entrevista citada– al Conservatorio de Música de Quebec, con el fin de realizar “estudios de composición musical, programas en los que las otras instituciones que yo había frecuentado no tenían ninguna instrucción”. Es decir que Suazo Lang, era más que un director de música, un compositor exquisito que nos ha dejado un legado musical que las nuevas generaciones tendrán que apreciar e integrar en el baúl común del orgullo nacional.

Después del concierto, que me llenó de orgullo –y cuya dedicatoria algunos creen que es invento mío– nos mantuvimos en contacto. Por medio de ella me di cuenta que era profesor de música de la UNAH-Valle de Sula, donde realizó una encomiable labor. Cuando fuimos a SPS para entregar el premio Ramón Amaya Amador a Julio Escoto, una de las glorias literarias vivientes de Honduras, creí que allí estaría Suazo Lang, divirtiéndonos y cultivándonos con su enorme talento musical; pero noté su ausencia sin hacer ningún comentario, y de repente también, porque soy un ser humano como todos –la falta de un saludo musical que posiblemente nadie más me dará en la vida–. Sergio Suazo, murió en SPS, este año, murió de mieloma múltiple. Hombre fuerte, nunca estuvo hospitalizado en el Seguro Social, apenas fue a consulta durante cuatro días, de 8 a 10 de la mañana a tratamiento, me dice su esposa adolorida, pero como nosotros, orgullosa de su marido. El miércoles 23 de septiembre el CAC y la UNAH, le rindieron un homenaje a quien sin lugar a dudas, es una pieza clave en la historia de la música, especialmente como imaginativo compositor y por su visión de producir música en Honduras, utilizando la influencia de Ravel –su compositor favorito–, con los aires y los sonidos nacionales. Es decir, contribuyendo con lo nuestro en la gran producción musical universitaria. Algunos de sus alumnos seguirán sus pasos y completarán su obra. Nosotros, expresamos la pena por su desaparición. Cuando creíamos que todavía tenía mucho para darnos.

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