Gotas del saber (11)

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/ 26 de septiembre de 2020
/ 12:45 am
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Gotas del saber (11)
Vicente Mejía Colindres a Carías Andino: “DESEO QUE EN ESTE CARGO SEAS MENOS INFORTUNADO QUE YO”

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Por: Juan Ramón Martínez

I
“En la ciudad de Intibucá, gemela de La Esperanza, falleció el 5 de agosto, a la edad de 115 años, el anciano ciudadano, don Pedro Alcántara, un soldado que acompañó en sus denodadas campañas al Gral. don Francisco Morazán por alcanzar la unidad centroamericana. El veterano de las guerras morazánicas, señor Alcántara, al fallecer en 1915, deja alrededor de 2,015 descendientes que llevan con orgullo en sus venas la sangre de aquel testigo de las preocupaciones del Mártir de la Unión (El Cronista, número 83 de 1915). La mayoría de los soldados de Morazán, son inicialmente hondureños, hasta que se produje la ruptura con Francisco Ferrera. A partir de allí, los mayores seguidores de Morazán fueron salvadoreños. Y en menos proporción de Texiguat, Alubarén, Reitoca y otros lugares de Honduras. Por eso lega sus restos al pueblo salvadoreño. La primera estatua que hubo suya, fue instalada en Amapala, donada por los salvadoreños. En Tegucigalpa se instaló la primera en 1883 y en el departamento de Francisco Morazán, fue creado por Tiburcio Carías Andino en 1935, -93 años después de su muerte, ocurrida el 15 de septiembre de 1842, en San José de Costa Rica-, país del cual era presidente de los “ticos”.

II
Después del golpe de Estado ocurrido en 1904, el primero en la historia del país y en el que el presidente Manuel Bonilla, disolvió el Congreso Nacional y envió a gran parte de los diputados liberales, a la Penitenciaría Central, el 2 de septiembre de ese mismo año. “la Asamblea Constituyente emitió una nueva Constitución Política de la República de Honduras. El 1 de marzo de 1906, el general Manuel Bonilla prestó promesa de ley, para ejercer la presidencia, durante 6 años que terminarían el 1 de febrero de 1912 (Víctor Cáceres Lara, Gobernantes de Honduras en el Siglo XX). Sin embargo, los liberales hondureños, apoyados por José Santos Zelaya invadieron Honduras el 28 de diciembre de 1907. El 25 de marzo de 1907, encabezados por Dionicio Gutiérrez entraron triunfantes a Tegucigalpa. Después de la batalla de Namasigüe, librada días antes –con el mayor número de víctimas que se recuerde; más de 1.000 en menos de una semana de guerra, entre ellas el coronel Pilar Martínez– en que Nicaragua derrotó a Honduras y El Salvador, que estaban aliados para repeler la invasión, Bonilla vía Amapala, abandonó el poder el que, recuperaría algunos años después. En la batalla de Maraita -que ganaron los liberales-, pereció el único ministro de Defensa que ha muerto en combate en la historia de Honduras, el abogado Sotero Barahona. En la batalla de Lizapa, según Evelio Inestroza, combatieron al lado del gobierno de Bonilla, “los cadetes de la Escuela Militar que dirigía el coronel chileno Luis Segundo Oyarzun, entre los que se encontraban Luis Melara, José L. Urbizo Vega, José Inocente Triminio, Vicente Tosta Carrasco, Abel Villacorta, Filiberto Flores Canales, Pedro C. Gonzales y Roque Jacinto Pérez”.

III
Gregorio Ferrera, levantisco, nervioso e inestable, se insurreccionó por última vez en armas en contra del gobierno constitucional de su propio partido, Vicente Mejía Colindres en 1931. Derrotado en El Jaral, se refugió en la zona conocida como Bañaderos, municipio de Villanueva, en las cercanías de SPS. Enfermo, envió a un joven a esta ciudad en búsqueda de medicamentos. Enterados los perseguidores, buscaron a un hombre para que lo batiera y pusiera fin a su vida. El escogido fue el coronel Ramón Ballesteros, “un hombre de mediana estura –dice Evelio Inestroza, citando, al periódico El Ciudadano de 8 de julio de 1934– quien en el gobierno de Paz Barahona desempeñó el cargo de Jefe de Policía Montada de Tegucigalpa. Era nacionalista reconocido. El comandante Inestroza pensó en Ballesteros y lo mandó a llamar para combatir a Ferrera después de ser derrotado. Ballesteros aceptó”. El 26 de junio de 1931, “cerca del cerro El Ocotal y la quebrada de Cuzuco, -sigue diciendo Inestroza-, Ferrera fue asesinado por tropas gobiernistas al mando del coronel Ballesteros, cuando se encontraba oculto, enfermo de gravedad y desarmado”. “Se encontraba acompañado por el doctor Humberto Rivas, Filadelfo López, Lorenzo Villegas, Carlos Melgar y Héctor Muñoz”. Ballesteros, posteriormente se estableció como mayorista en el Mercado Colon de Tegucigalpa, haciendo vida marital con Teresa Mata. De esta relación, según Mario Hernán Ramírez, nació Ramón Mata Ballesteros el que, desde muy niño, fue capturado por Ramírez y remitido varias veces a la PC, por el delito de carterista. Ramírez era entonces en el gobierno de Villeda Morales, detective, bajo la dirección de Agripino Flores Aguilar, responsable de la sección de investigación de la Guardia Civil. Refiere Ramírez que, en una mañana, en la Calle Real, durante el gobierno de Azcona, mientras camina tranquilamente hacia el Puente Mallol, un carro muy elegante, con guardas espaldas, se detuvo bruscamente a su lado. Me asusté Moncho, me dijo MHR. Se abrió la ventanilla del vehículo y un hombre conocido por todos, Ramón Mata Ballesteros, me saludó. Repuesto del susto, le respondí y él me dijo: le quiero agradecer las veces que cuando era niño me capturó, y me envió a la PC”. “Gracias a eso enrumbé mi vida”. Un tiempo después, Mata Ballesteros fue entregado a las autoridades de los Estados Unidos, donde guarda prisión, en una cárcel de alta seguridad.

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