Pedacitos de Vida: Una visión más amplia del amor

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/ 14 de febrero de 2021
/ 04:32 pm
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Pedacitos de Vida: Una visión más amplia del amor

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Por Iris Amador

El poeta Rumi decía que nuestra tarea no es buscar amor, sino remover las barreras levantadas en su contra para sentirlo.   

Amor, amore, l’amour. La sola palabra nos toca. El amor nos enciende la imaginación, nos hace sonreír, nos embarga, nos envuelve en una sensación de calidez. Nos mueve el tapete. Es fundamental para nuestras vidas, nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Debería de haber una clase para aprender a amar, en donde se nos enseñara desde jóvenes que el amor es mucho más vasto que la visión estrecha que se va cimentando culturalmente desde la niñez; visión que, si somos honestos, muchas veces es causa de demasiada desdicha.

Por alguna razón, se ha reducido un sentimiento tan vasto a un espacio limitado en el que no hay mucha cabida para entrar, ni para salir, ni para moverse. El amor está circunscrito a algunos parámetros que no son saludables y mucho menos conducentes a la satisfacción o a la alegría. Se ha empujado dentro de una cajita de hierro donde no puede crecer, ni respirar, ni florecer. El amor necesita aire para ser todo lo que puede ser.

Naturalmente, su mención lleva a pensar en el amor de pareja. Pero el amor es eso y es más. Es de amplia envergadura, supuesto a vivirse y a disfrutarse a varios niveles y en diferentes espacios. El amor no debe ser una caja, sino una mesa servida con acceso para todos, porque todos lo necesitamos.

No es caviar, al alcance de manos selectas o de grupos reducidos. No es premio para unos pocos. No es para racionarlo. No es para acapararlo. No es una propiedad privada, para prohibírselo a otros. No es un contrato de pertenencia, con el cual sentirse dueño o dueña de otra persona.

Sí, nos haría bien un curso para que aprendiéramos a reconocer el amor en esa amplitud, lo cual nos prepararía para amar, y dejarnos amar, mejor. Nos capacitaría para remover las barreras de las que hablaba el poeta Rumi, erguidas en contra del amor para impedir que lo experimentemos.

Existe una clase enfocada en el amor en la Universidad de Nueva York, donde rápidamente se convirtió en una de las cátedras más populares desde su apertura hace seis años. La imparte la siquiatra Meg Poe. El énfasis es en  practicar abrir la mente y el corazón a distintos aspectos del amor humano.

Un error muy generalizado del amor, dice Poe, es cegarnos al hecho de que hay amor en todas partes, todo el tiempo. Una manera de corregirlo es practicando estar presentes en nuestros encuentros con las personas. Si no interrumpimos la conexión, se expande nuestra capacidad de amar. Este concepto, afirma, “desacredita la idea romántica del amor como algo que obtenemos, y lo muestra como una facultad que podemos desarrollar”.

Descartando mitos

Aunque no exista ninguna escuela del amor, sería genial esforzarnos por aprender, porque el amor es ingrediente esencial para una buena vida. En este caso, para aprender, hay que empezar desaprendiendo mitos sobre el amor que se han repetido sin objeción vez tras vez tras vez.

Entendamos por mitos el conjunto de creencias que no son verdaderas, pero que se aceptan como ciertas y definitivas por gran parte de la sociedad.

Podemos empezar con algo sencillo como el lenguaje. A la luz de la violencia de género que prevalece en nuestro entorno, es necesario dejar de llamar “crimen pasional” a lo que realmente es un femicidio. No se puede ligar al amor con la violencia porque no son compatibles. El amor no mata. En la misma vena, no cabe llamar “enamorado” a un maltratador. La violencia no es romántica.

Si una persona, hombre o mujer, agrede a su pareja verbal o físicamente, no actúa la pasión, sino la creencia de que él o ella le pertenece. Ese sentido de posesión es uno de los mitos. Muchísimas personas se sienten dueños y dueñas de sus parejas y actúan como si lo fueran. Por lo tanto, una lección de amor primordial es aceptar que los seres humanos no son pertenencias.

Uno de los peligros de los mitos es que sirven para justificar o tolerar comportamientos dañinos, insultos o golpes, bajo el errado ideal de que el amor es sacrificio. La realidad es que el amor no lo puede todo, ni debe soportarlo todo. No hay virtud en aguantar desprecios o tolerar conflictos constantes; sin contar que es tremendamente doloroso albergar falsas esperanzas de que todo cambiará y que habrá valido la pena el aguante.

El amor no es de aguantar. No es sufrido. “¿Por qué vale la pena y no la alegría? ¿Por qué construyen el amor tan ligado al sufrimiento?” pregunta acertadamente Marina Marroquí, educadora social española. El amor no duele. No hace sentir mal al objeto de los afectos.

Otro concepto fallido es el de la media naranja. El mito del amor predestinado condiciona la felicidad a encontrar a la única persona con la que se supone se encajará a la perfección. Esta falsa expectativa ha quebrado más corazones desde adentro, que los que han roto golpes desde afuera.

No hay nada de malo en elegir características deseadas en una pareja, pero es ciertamente posible que hayan varias personas que las tengan, de las cuales sea posible enamorarse. El doctor en sicología Seth Myers dice que es un error pensar que hay un solo amor de por vida. “Uno de los problemas más grandes que veo a la gente enfrentando es la búsqueda equivocada de esa única persona”, recalca.

“Con cuántos amores te conectes en la vida depende de cuán abierto seas a la idea del amor. Cuando consideras tu habilidad de conectarte con amigos y familiares, claramente eres capaz de amar a más de una persona”.

Es creencia casi generalizada que cuando una persona está en una relación no puede sentir atracción o sentimientos afectivos por otra. Es un mito también. La psicoterapeuta española Ana Fernández explica que “en la naturaleza, la monogamia social existe en muchas especies de animales, pero la monogamia sexual es particularmente inusual. La monogamia sexual no es un imperativo biológico como algunos creen. La fidelidad sexo-afectiva suele ser entendida como algo natural y universal, como algo inherente a nuestra naturaleza de seres humanos, cuando en realidad no es así”.

Mejores amados y amadores

Los mitos son construcciones sociales, explica Fernández. Hay más. Estos solo son algunos. Sin embargo, al hacer el recuento de los daños y ver los escombros es evidente que se construyó donde no se debía, incluyendo las estructuras levantadas alrededor de la soltería. En un contexto donde la pareja se considera el núcleo central de casi toda la existencia, quienes no están emparejados son vistos como incompletos y defectuosos, o como egoístas que han escogido divertirse por encima del “sacrificio” antes señalado. En cualquier caso, el veredicto silencioso es devastador: son “perdedores”.

Como los otros mitos, ese tampoco es cierto. De hecho en algunos casos la falta de pareja es consecuencia directa de haberse aferrado a ciertos mitos, sin saber que eran creencias falsas.

La verdad es que solos o acompañados, la total dependencia en otro persona para la felicidad absoluta no es una expectativa saludable o realista. Es injusta por partida doble. Toda persona necesita espacios, tiempo y autonomía para crecer y desarrollar intereses propios, lo cual contribuye a hacernos mejores amados y amadores.

Necesitamos amor para vivir, sí que sí. Podemos satisfacer esa necesidad recíprocamente, queriéndonos y recargándonos con cuidados y cariño. Desmitificar estos conceptos abre paso para intercambios de amor y afecto fluidos que llenan corazones de energía, al estilo Cupido.

Los mitos son como las cuerdas alrededor de las patitas de los elefantes en ese cuento que dice que los hermosos animales estaban cautivos con solo el uso lazos endebles. Al verlos, un transeúnte no pudo evitar preguntar por qué permanecían en esa condición si eran tan potentes que con levantar una pata zafarían la estaca de la tierra. “Cuando eran muy jóvenes y más pequeños esa cuerda bastaba para atraparlos”, respondió el entrenador. “En lo que crecen están acondicionados a creer que no pueden desprenderse. Piensan que el lazo puede retenerles, así que no lo tratan”. El amor, no obstante, es más poderoso que un elefante.

— iris.amador@gmail.com

–Fb: Pedacitos de Vida

 

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