Hablemos de Arte: LO QUE SOLEMOS OLVIDAR…

ZV
/ 15 de junio de 2021
/ 12:01 am
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Hablemos de Arte: LO QUE SOLEMOS OLVIDAR…
Keyla Morel

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Cuando de pedir se trata, por lo general somos expertos; si hiciéramos un análisis real de nuestras oraciones a Dios, por ejemplo, y dividiéramos en porcentajes cuanto tiempo dedicamos a pedir y cuanto, a las demás cosas, les aseguro que habría una brecha abismal ente dichos valores. Al soñar… ¿Cuánto de nuestros recursos mentales los invertimos en cosas que pasarían para nuestro beneficio versus la meditación en el bienestar de otros? Somos egoístas por naturaleza. No en balde una de las primeras palabras que un niño dice es: “MIO”.

No sé si ustedes se han puesto a pensar que cada “bendición” viene acompañada de una “carga”: si pedimos una casa mas grande y la recibimos, ahora habrá que limpiarla… si deseamos casarnos, tendremos que lidiar con los defectos de nuestra pareja día y noche y habrá que pensar ya no en singular si no que en plural, si deseamos hijos, habrá que criarlos con todo lo que eso implica, si queremos un ascenso en el trabajo, luego habrá que lidiar con los empleados inconformes a nuestro cargo, si deseamos riquezas, tendremos que cuidarlas para no ser robados o no mal invertirlas, si queremos fama, ya no tendremos la privacidad que disfrutábamos… y así me puedo alargar en este razonamiento hasta donde yo lo desee.

En el arte, pasa mucho que personas que se dan cuenta de pintores que venden sus obras por mucho dinero, piensan que es fácil ganarse la vida así… lo mismo aplica a músicos, actores, escritores, etc. Y en muchas ocasiones, algunos hasta se lanzan, creyendo que de la noche a la mañana harán fama y fortuna, y aunque no desconozco de casos excepcionales a los que les ha pasado así, lo cierto es que en todas las profesiones el éxito no es un suceso, más bien es un proceso largo y trabajoso…

Cuando deseamos algo, tenemos que ver el panorama completo y analizar no solo la bendición que pretendemos, si no también la carga que conlleva; si no, entraremos en un camino de quejas e inconformidad del que nunca podremos salir. Si nos va mal, nos quejamos por eso, si nos va bien, nos quejamos porque trabajamos mucho o por la falta de tiempo, si estamos solteros renegamos por la soledad, si nos casamos, por la falta de espacio personal, si no tenemos hijos, nos quejamos por la falta de cariño o realización como padres y por estar trabajando para nadie en la vida, pero si los tenemos, decimos que todo se nos va en ellos y alucinamos en como sería la vida si lo que se invierte en cuidados y educación de ellos estuviera a nuestra total disposición. Es un juego cruel e irónico el no estar consciente de que cada rosa trae su espina…

Si aceptáramos las cosas como son en el “mundo real” y no como quisiéramos que fueran en un propio y privado “mundo ideal”, sufriríamos mucho menos y afrontaríamos mejor cada etapa de nuestra vida. Hay que dar gracias por la bendición y la carga; debemos analizar nuestras situaciones de forma que en vez de caer en quejas y desesperanzas agradezcamos nuestra condición actual: si nos molesta que la gasolina está cara, es porque tenemos carro, si no lo tenemos y nos enojamos porque tenemos que caminar mucho, es porque tenemos piernas y salud para levantarnos cada día, si renegamos por tener que cuidar a niños inquietos o parientes de la tercera edad, les aseguro que hay gente que daría lo que fuera por procrear un hijo o por tener a sus padres con vida… les apuesto que eso por lo que ustedes se quejan son los deseos más acariciados por otros menos afortunados. Lo que pasa es que hay muchas cosas que solemos olvidar…

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