INICIATIVA AGROINDUSTRIAL

ZV
/ 5 de julio de 2020
/ 12:12 am
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INICIATIVA AGROINDUSTRIAL

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SIN importar demasiado todas las críticas y censuras, hay una especie de consenso que el empeño del gobierno por incentivar y apoyar la producción agropecuaria, ha sido decisivo en la actual coyuntura pandémica. Porque comprendemos lo harto difícil que es sortear el problema del “coronavirus”. Pero también es engorroso conseguir alimentos básicos como el maíz, los frijoles, el arroz, la carne y los productos lácteos. Por eso el acento sobre estos renglones de la producción, ha sido determinante.

Al margen de la escasez en las ciudades más pobladas, los microproductores rurales, y los verdaderos hacendados, han continuado extrayendo alimentos de la madre naturaleza para abastecerse ellos mismos, y luego para comercializar en los centros urbanos. Ni en los momentos más críticos, los hombres del campo han dejado de trabajar. En primer lugar por sus tradiciones, y en segundo lugar porque el grave fenómeno virológico se han centrado principalmente en San Pedro Sula, Tegucigalpa, Comayagüela, Choloma, El Progreso, Villanueva, La Ceiba y Puerto Cortés. No es que la desgracia no haya visitado a otros pueblos del interior y de las costas, sino que los centros urbanos antes mencionados han sido y siguen siendo los más afectados.

Así como los Estados Unidos, a pesar de todas las hipermodernidades, nunca han desprotegido la producción agroindustrial en alta escala. Y así como los países escandinavos han robustecido, dentro de una visión de “Estado de bienestar”, sus sistemas sanitarios internos. Así también los catrachos con mirada de largo alcance, jamás deberán destruir las buenas tradiciones agrícolas de Honduras. A lo más que se puede llegar es a reformarlas y modernizarlas y, desde luego, a encontrar mejores nichos para la exportación de los “commodities” nacionales en el mercado internacional.

Muchísimos de los compradores al por mayor, y de los revendedores citadinos que pagan impuestos, se localizan en las ciudades. Esto significa que ellos también requieren de la producción de alimentos que vienen del campo para redistribuirlos entre los consumidores de todos los estratos sociales habidos y por haber. Somos seres humanos con estructura biológica, en consecuencia nadie puede subsistir, en ninguna parte del mundo, en ausencia de los alimentos básicos que predominantemente se producen en las áreas rurales, ya sea de los países desarrollados o de los atrasados. El resto tiene que ver con las hipermodernidades arriba mencionadas, y con otros cuentos de camino real.

Seguridad alimentaria y salud auténtica para los conglomerados humanos, debieran ser dos conceptos prioritarios en la vida práctica de los estados y naciones. Nadie puede darse el lujo, de ahora en adelante, en quedar con los ojos cerrados esperando a que irrumpa abruptamente una nueva pandemia o que seamos azotados por otros siniestros de la naturaleza; o quizás fabricados por el hombre. De ahora en adelante la primera prioridad debe ser el hombre mismo. Todo lo que se haga, se piense y se escriba, debe estar en función de los intereses de las mayorías de las sociedades o pueblos. Ya basta de cosmetologías y chismografías que muy poco ayudan en los momentos de crisis como los que hemos estado viviendo. A los médicos y enfermeras, por ejemplo, se les debe preparar para esta clase de contingencias, más allá de los cánones establecidos mundialmente.

Honduras no es, ni mucho menos, un país con petróleo industrial. La producción minera es perseguida por los supuestos ambientalistas. Sus bosques han sido diezmados. Así que por ahora nuestro mejor “chance” radica en la producción agroindustrial, en la caficultura, en las grandes potencialidades turísticas más o menos de mediano plazo pero, sobre todo, en la capacidad de pensar correctamente, de sus hijos más preclaros.

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