La Iglesia Evangélica frente a la corrupción

La Iglesia Evangélica frente a la corrupción
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/ 25 de julio de 2020
/ 12:01 am
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Por: Luis Alonso Gomez Oyuela

El término corrupción usualmente se asocia con las acciones de personas con posiciones de gobierno, tanto a nivel de Estado como empresas privadas. Para que la corrupción exista es necesario que haya uno que la proponga y otro que la acepte. El diccionario English Dictionary Collins Coubuil, define el término como deshonestidad y compartimiento ilegal de las personas en posiciones de poder y autoridad. Para ampliar la idea, con el verbo corromper, la misma fuente da los siguientes significados: alguien que es corrupto se comporta de una manera que es moralmente incorrecta, especialmente porque hace las cosas deshonestas o ilegales a cambio de dinero o poder. Corromper es hacer que alguien deje de cuidar o mantener los estándares morales. También da la idea de algo que se ha dañado o perdido su objetivo o función inicial.

El diccionario de teología editado por Everett Harrison explica que en la Biblia hay varias palabras, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, que se traducen como corrupción y que pueden tener el significado de acto de corromper o de llegar a ser moralmente corrupto a través del pecado, también da las ideas de descomposición o decaimiento del cuerpo, del mundo natural y la naturaleza, corrupción religiosa y moral, etc.

Cuál debe ser la actitud de la Iglesia frente a la corrupción. La postura de la Iglesia Evangélica, particularmente del cristiano ante la corrupción puede dividirse en dos partes, una externa y otra interna. Yo considero que se debería trabajar al interior de la Iglesia más en lo interno que en lo externo, ya que la influencia de la Iglesia será más efectiva hacia adentro.

Pablo en 1ª Tim. 2: 2-4 dice: que debemos orar por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad, porque esto es bueno y agradable delante de Dios, nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

La oración es el recurso más poderoso para atacar la corrupción, pero su efectividad depende de que la Iglesia crea que Dios sí responde y que la Iglesia efectivamente ore por ello. La Iglesia debe expresar públicamente su sentir hacia la corrupción. El gran dilema de hoy, y el mal ejemplo para los creyentes lo están dando varios pastores coludidos con la corrupción en lugar de ser una voz que denuncia, guardan silencio cómplice y se mantienen siendo parte de las esferas del poder y la corrupción. Los que están cerca del gobernante deberían asumir la misma valentía de Juan El Bautista, que señaló directamente a Herodes, su falta de moral porque no le era lícito tener la mujer de su hermano. El resto de la historia ya la conocen.

Muchos líderes religiosos evangelices, hoy, son más potentados que siervos de Dios. Deberían expresar públicamente su sentir hacia la corrupción. Si la Iglesia Evangélica cuenta con la representatividad a través de entidades con personería jurídica puede hacer oír su voz en la comunidad a través de dichas entidades. Esto es algo que debe hacerse con sabiduría, sabiendo cuales son los límites de acción en cuanto a su participación en la vida pública. La opinión de la Iglesia debe mantenerse al margen de preferencias políticas e ideológicas que desvirtúen su mensaje.

En ocasiones desde el púlpito se hace referencia a los problemas del país, entre ellos la corrupción, se insta a orar por ello, pero parece que no se han visto los resultados. Algunos creen que el cambio de gobierno es una respuesta de Dios, aunque esto es posible, quien sabe si se puede decir que fue el resultado de la oración persistente del pueblo cristiano por el cambio.

Cada vez que un cristiano deja de hacer lo que Dios quiere que haga, se está corrompiendo. Si no se está creciendo y edificando, entonces se está descomponiendo, se está corrompiendo. Estos, con semejantes actitudes pareciera que no han nacido de nuevo porque toleran la corrupción de los funcionarios y esto más, corrompieron la Iglesia y la obligaron a recibir dádivas de los gobiernos corruptos, dineros sucios. No se trata de tener el mejor templo, el mejor sistema de sonido, los mejores adornos, porque los únicos adornos en su vida, son un testimonio limpio ante Dios y la sociedad.

Ante este otro virus de la corrupción, que es más dañino que el COVID-19, los líderes y creyentes deben continuar motivando la oración. El tiempo a solas con Dios preserva y vitaliza al cristiano. Es un hecho que la ausencia de este tiempo personal con Dios está relacionado con vidas poco victoriosas. En Juan 15: 1-8 se enfatiza la importancia de la relación íntima del creyente con el Señor, como requisito para tener una vida que dé fruto.

En resumen, la Iglesia debe hacer frente a la corrupción y no ser parte de ella. Cuidemos lo interno de nuestras vidas, lo externo, es la expresión genuina de que somos hijos de Dios y aptos para toda buena obra.

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