Un discurso para el mundo de hoy

Un discurso para el mundo de hoy
ZV
/ 26 de julio de 2020
/ 12:02 am
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Por: Froylán Ochoa Alcántara

En estos días de reclusión obligatoria decretada por las autoridades del gobierno hondureño, por efecto de la aparición fenomenal del coronavirus cuyos efectos malignos tienen al mundo desquiciado en todos los aspectos, de tal manera que las personas han dado paso a su inventiva para utilizar su rutina diaria y cómo salir de este embrollo que ha descontrolado al mundo entero.

Ante esta situación he encontrado una gran satisfacción en algo que me atrae hacer y me he refugiado en la lectura de diversos tópicos, esta actividad intelectual me conduce a conocer personajes nacionales que han destacado en otros ámbitos y de ello deseo compartir con el público nacional.

Se trata del intelectual J. Antonio López Gutiérrez, quien para su ingreso a la Academia El Salvador, en el año 1910, abordó el tema: “El espiritualismo y el materialismo en la vida práctica de las naciones y de los individuos”, ensayo que abarca amplio espacio, lo cual nos exige formular una síntesis de dicho trabajo intelectual, así: “Todo el malestar de nuestra época proviene de una sola tendencia y de un solo hecho; del materialismo. Preciso es combatir esta funesta doctrina en todas las formas en que se presente, hasta hacerla retroceder hasta sus últimos baluartes, a fin de que, libres los pueblos del peso brutal que la materia hace gravitar sobre su espíritu, entren en período más tranquilo de su existencia, habilitándolos de esta suerte para que puedan desarrollarse dentro de condiciones más humanas y más conformes con sus altos destinos.

Grandes riquezas acumuladas en una sola persona pueden hacer mucho bien, si está dotada de aquellas cualidades esenciales para darles la importancia que les corresponde y una acertada inversión. Pero aún en este caso, por la ley de sucesiones y por otras muchas causas, están destinadas a desaparecer, lo mismo que las obras que crean, que son, esencialmente perecederas.

No así con las creaciones del espíritu. Inmortales por su naturaleza, forman un acervo común para nosotros que jamás se agota. Por el contrario, todos los días se aumenta, con lo que traen nuevos hombres, que llegan como portadores de noticias y cosas desconocidas.

Después de dos mil quinientos años todavía estamos usufructuando el legado científico y espiritual que los filósofos griegos dejaron a la humanidad. La base para nuestras construcciones navales nos la proporciona aún el descubrimiento de Arquímides.

Ni la materia ni el espíritu perecen jamás. Se transforman eternamente dejando tras de sí huellas más o menos profundas de su paso a través del tiempo y del espacio. Esas huellas constituyen las ciencias y las artes, líneas paralelas que forman todo el pentagrama de la sabiduría humana. Felices los que puedan interpretar ese canto, cuyo eco repercute de siglo en siglo, cuando lo lanzan al viento hombres como Sócrates, como Dante, como Newton, como Shakespeare.

Si el espíritu no perece, todo cuanto se haga para desarrollarlo y enriquecerlo quedará para siempre y será terreno ganado en la peregrinación del infinito.

Los establecimientos bancarios y comerciales, han sido creados para acumular los signos representativos de la riqueza en pocas manos. Esos signos son los más movibles que existen. Hoy están en unas manos, mañana en otras, ya se precipiten como torrente en un país, ya sobre otro. Cuando por grandes crisis, han salido de una nación, como aguas desbordadas dejan tras de sí el campo cubierto de ruinas y desolación. El arte y la ciencia brillan eternamente, inmóviles en el cielo de la humanidad, alumbrando y embelleciendo con su luz todo el horizonte de nuestra vida.

Si se han formado grandes establecimientos mercantiles, si se han fundado organizaciones financieras que se ocupan en crear y desarrollar los intereses materiales, también han sabido establecerse asociaciones que entienden todo cuanto al espíritu se refiere. A los bancos, a las empresas comerciales, a las bolsas, longas y cámaras de comercio se han opuesto las universidades, las escuelas de arte, las academias y ateneos. Los primeros se dedican a la conquista del pan, los segundos a la formación del ideal.

Hasta aquí llegamos nosotros con la síntesis del tema desarrollado por este gran hondureño ante la sociedad salvadoreña, pues apelamos a vuestra indulgencia por no presentar en toda su magnitud el desarrollo de su trabajo, ante la honorable Academia de la Lengua de El Salvador.

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