Hechos y realidad. Verdad y posverdad

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/ 21 de diciembre de 2020
/ 12:15 am
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Por: PG. Nieto
Asesor y profesor CISI

Hechos y realidad. Verdad y posverdad. Edward Bernays (1892-1995), sobrino de Sigmund Freud, es el creador de la teoría sobre las «Relaciones Públicas». Los que somos formados en las Ciencias de la Inteligencia conocer su obra “Propaganda” es imprescindible para entender los fundamentos de la manipulación. Noam Chomsky compara metafóricamente “Propaganda” con la Biblia. Un fragmento del libro podemos aplicarlo a la entrevista que le hizo el presentador de VTV, Jorge Zelaya, al candidato y presidente del Partido Liberal, Orlando Zelaya. El periodista solicita que explique por qué presentó una denuncia contra su madre para anular el testamento de su difunto padre, que la deja beneficiaria de una herencia. El “honesto” prócer, no pudiendo negar los hechos, ofrece dos excusas. Primera, es un asunto familiar que debe mantenerse en ese ámbito; segunda, se trata de una persecución política, una conspiración del gobierno contra su persona. Retiremos la niebla para entender el paisaje.

En “Propaganda”, Bernays escribe: “Se cuenta la historia de un gran financiero que despidió a uno de sus socios porque se había divorciado de su mujer: -¿Pero por qué?-, preguntó. -¿Qué tienen que ver mis asuntos personales con los negocios del banco?-. La respuesta fue: Si no eres capaz de manejar a tu esposa, la gente creerá que no eres capaz de manejar su dinero”. Cuando la vida privada de un político, de una figura pública, muestra comportamientos despreciables, extrapolables al desempeño profesional, el electorado no debe ignorarlos, el partido tampoco. Metafóricamente, una servidumbre de la política es que sus profesionales viven bajo un techo de cristal. Ningún líder político, servidor público, puede ocultar su verdadera escala de valores, ética y moralidad, porque estaría timando al electorado. Su primera excusa no se sostiene.

La segunda justificación desnuda su hipocresía patológica. Reflexionemos: fue él quien presentó en el juzgado la denuncia contra su madre, no el gobierno; fue su madre, no el gobierno, quien a la salida del juzgado dio a conocer su conducta: “quiere dejarme sin el sustento”, manifestó apesadumbrada. ¿Cuál persecución política? Sin agallas para asumir el coste político de sus acciones, se victimiza responsabilizando al gobierno. Presume de principios y convicciones, pero su propio hermano lo califica de “soberbio, prepotente y déspota”. Su espectacular trayectoria política pasa por fracasar en las anteriores elecciones debilitando gravemente al Partido Liberal, después lo divide arrogándose el “lado correcto”, repudiando al resto. Finalmente, carece de capacidad y de voluntad para unificarlo. Su adversario, Yani Rosenthal, defiende la política opuesta, su prioridad es unir a la familia liberal, paso previo para fortalecer el partido. Por este motivo soporta una sucia campaña cuya procedencia es obvia. Cuando no se puede refutar el mensaje hay que anular la credibilidad del mensajero.

Similar estrategia utiliza su socio, el locutor nefelibata. Necesitando minimizar el coste político que le supone haber ondeado la bandera de Libre como candidato del socialismo chavista, se victimiza vomitando uno de sus abortos mentales: “Mel y JOH se pusieron de acuerdo para tenderme una trampa y que aceptara la candidatura”. Mentir es la forma más patética de autodefensa, dice la filósofa Susan Sontag. Utilizar la victimización, la persecución política, como estrategia para justificar conductas y eludir responsabilidades expone la catadura moral de ambos políticos fracasados.

Aceptamos aquello que respalda nuestras creencias, percepciones e intereses. Somos incapaces de observar para cuestionar, de confrontar para razonar, porque requiere comprometerse con la verdad, concepto profanado. Una acepción sería: “conformidad de lo que se dice con los hechos, la realidad”. Pero “verdad” y “realidad” son contaminadas por la ineludible subjetividad. En las plataformas de comunicación imperan sus opuestos, “mentira” y “virtualidad”. No son los hechos sino las emociones quienes generan las decisiones, lo que nos coloca en una falsa realidad construida desde la posverdad.

Posverdad es la distorsión deliberada de una realidad manipulando creencias y emociones para influir en la opinión pública. El proceso mental lógico ante un hecho sería: emociones-sentimientos-razonamiento-elección-respuesta. Cuando de la secuencia sacamos a la razón nos situamos en la realidad virtual, cuál Matrix. En esa falsa verdad, el prócer nefelibata afirma llevar dos períodos consecutivos como presidente electo de la República, por el voto de un millón de electores, preparando la campaña para su tercer mandato presidencial… en Matrix.

“La ciencia nos enseña a someter la razón a la verdad, a conocer las cosas como son y no como quisiéramos que fueran”. -Miguel de Unamuno-.

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