Indiferencia gremial

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/ 15 de febrero de 2021
/ 12:03 am
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Indiferencia gremial

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Por: Edmundo Orellana

Muy lejos parecen aquellos tiempos en los que los gremios provocaban verdaderas conmociones en la conciencia nacional con sus planteamientos sobre el mal gobierno, la corrupción y, en general, sobre todo aquello que demandaba la participación de los ciudadanos conscientes de sus deberes cívicos.

Lo ocurrido en estos casi 12 años de gobierno nacionalista no tiene comparación en la historia del país; no solo por el mal gobierno, sino también por la actitud indiferente de los partidos políticos y organizaciones gremiales, no así de algunas plataformas sociales, como la que lidera el padre Melo, cuya sostenida beligerancia es ejemplar.

Las luchas que protagonizaron los obreros y campesinos organizados en su tiempo transformaron el país y obligaron a los gobiernos a ceder, aprobando políticas y programas que se tradujeron en leyes (en la relación trabajo-capital y en la equidad de la tenencia de la tierra); los maestros, por su parte, obligaban a los gobiernos a posicionar el tema de la educación y del maestro dentro de las prioridades de la agenda nacional; los colegios profesionales, entre los que se destacaban los ingenieros y los economistas, contribuían con sus análisis científicos sobre los temas de su incumbencia que tenían trascendencia nacional; hasta hubo un tiempo en que los empresarios se unieron a los obreros organizados en sus exigencias al gobierno, al extremo de que algunos prominentes empresarios del norte fueron encarcelados y hasta exiliados; y, muy atrás en el tiempo, hubo periodistas que también sufrieron las “ergástulas penitenciarías” y “calzaron las sandalias del peregrino”. Hoy, no hay duda, hay menos civismo que antes y se ejerce menos ciudadanía; somos, pues, menos ciudadanos.

El mal gobierno logró poner de rodillas a los gremios, salvo algunas excepciones. En algunos casos corrompió sus dirigentes, en otros aprovechó sus excesos y frivolidades para desprestigiarlos y, en el caso de los más difíciles, debilitó su institucionalidad hasta convertirlos en verdaderas ovejas, fáciles de pastorear.

De estos gremios, el médico es de los pocos que no se rinde y de los que más presencia tiene en la indignación popular. No en ocasión de la pandemia, sino desde antes. Coherente y valientemente plantea sus demandas al gobierno, que, además de las gremiales, se destacan el rechazo al mal gobierno, la corrupción y el largo etcétera de males que nos provoca la desastrosa gestión gubernamental.

Las iglesias no son gremiales, por supuesto. Pero, justo, es reconocer que la Católica, por medio de la Conferencia Episcopal ha impartido cátedra de civismo y de ética política con sus comunicados y sus clérigos provocan continuamente la conciencia nacional con sus sostenidas críticas al mal gobierno, a la corrupción y a los vínculos de la política con el narcotráfico, no solo en los púlpitos, sino también en los medios de comunicación y en las redes sociales.

En este ambiente silencioso y cómplice de los gremios, aparece un comunicado del colegio de economistas, pero no de su junta directiva central, sino del capítulo noroccidental, repudiando el mal manejo de la pandemia, de la economía nacional y del crimen organizado, como factores determinantes de las caravanas. Destaca valientemente las investigaciones judiciales gringas en contra del gobernante y de otros altos funcionarios y exige, no solo que la institucionalidad hondureña actúe investigando esas denuncias, sino también la renuncia del gobernante y demás involucrados.

Aplaudimos este valiente comunicado que esperamos anime a la junta central de economistas a emitir el suyo y también a otros colegios profesionales.

De todos los gremios, el más vinculado con estos temas legales y políticos es el Colegio de Abogados (CAH), que, desde tiempos inmemoriales, ha estado en manos del sector más conservador del Foro Hondureño. Sin embargo, sus directivos actuales dicen ser del sector más avanzado políticamente del foro y así se presentaron para captar votos. Pero nada han dicho sus dirigentes, ni colectiva ni individualmente, sobre lo que cuestionan los comunicados del Colegio Médico, Conferencia Episcopal y capitulo noroccidental del Colegio de Economistas. No se trata de una menudencia sino de una ofensa grave al honor de la República y por eso nos sorprende el silencio de la junta directiva del CAH, que, para decir lo menos en la escala de lo reprobable, es censurable.

“Participar en el estudio y resolución de los problemas nacionales”, es una de las atribuciones del CAH, que, en temas jurídicos y de gobierno, es el que más recurso profesional tiene para formular, en estos temas, planteamientos de solidez académica y fundamento científico. Si continúan en silencio serán como las anteriores juntas directivas, anodinos y cómplices. Ahora no tienen excusa, reivindiquen el Foro Hondureño: ¡EXIJAN LA RENUNCIA DEL GOBERNANTE! Si no la exigen, pasarán a la historia como un grupo de conservadores más que simularon ser lo contrario para apoyar con su silencio la dictadura. Rechacemos su silencio, diciéndoles: ¡BASTA YA!

Y usted, distinguido lector, ¿ya se decidió por el ¡BASTA YA!?

orellana48@hotmail.com

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