Esparadrapo de papel

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/ 16 de febrero de 2021
/ 01:23 am
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Esparadrapo de papel
Adiós 2020

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Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo

El Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) debe estar pasando por un estado de calamidad económico o cuenta con un jefe de compras y un jefe de Farmacia completamente ineptos y desconocedores de sus funciones como abastecedores y suplentes de medicamentos e insumos necesarios para el sostenimiento de la salud de los miles de cotizantes con que cuenta la institución.

Esta situación se refleja a diario, especialmente en las salas críticas donde el índice de mortalidad es altísimo debido a la propia confesión de algunos especialistas, los medicamentos comprados cuando hay voluntad de hacerlo, son de mala calidad, incluso ni siquiera genéricos sino que clones de los mismos, por lo que también hay quejas de los miles de derechohabientes que reciben atención ambulatoria, mientras otros con algunas posibilidades económicas prefieren atención hospitalaria privada antes que ser pacientes internos en el hospital de especialidades y hablando de especialidades conseguir una cita con un especialista está como en los cuernos de la luna.

Las consultas con médicos generales e internistas se hacen a diario, pero a los pacientes se les remite a las farmacias con recetas y se les advierte que sus medicamentos indicados están en el sistema de cómputo, que para recogerlos solo deben presentar su tarjeta de identidad.
Muchos de los necesitados de medicinas se llevan un chasco al llegar a la farmacia donde muy pedantemente, especialmente los varones que atienden las ventanillas le rechazan los pedidos, alegando que el médico que los recetó no es especialista y el uso de los medicamentos es delicado y el producto es caro, ha habido veces en que los médicos un tanto indignados han tenido que apoyar personalmente para que se haga la entrega respectiva al derechohabiente.

Así le sucedió a mi esposa, que al presentarse para que le entregaran una eritropoyetina necesaria para el retenimiento de la hemoglobina, tras una sesión de hemodiálisis, cuando un varón que atendía la ventanilla se negó a entregarle la medicina, por considerar que la nota de autorización de mi parte como paciente no la había escrito yo y que ella tenía que presentar pruebas de que era mi esposa, pese a que llevaba mi identidad y fotocopia de la misma y su identidad y fotocopia de la misma, pero el hombre para darse más importancia la hizo ir a buscar mi huella digital como si en el seguro hubiese un identificador de la mismas, como lo hay en varias empresas privadas en todos los sitios de servicio al público, esto sucedió mientras yo ya estaba conectado en hemodiálisis y mientras mi esposa buscaba quién le prestara una almohadilla de sellos, la cual logró conseguir por gentileza de una oficina para hacer la impresión necesaria, tuve que desocuparme un rato del proceso y además le sugerí que llevase consigo un carnet especial emitido por las autoridades del IHSS, que me acredita como paciente de hemodiálisis y otro de discapacitado, ya que estoy amputado de una pierna y además ciego, en otras oportunidades a estos atorrantes y energúmenos personajes que se creen dueños y todopoderosos en Farmacia se les ocurre que el reclamante de medicinas sea acompañado además por el paciente que la requiere.
Ante esta rara situación en el área farmacéutica hay cierta alarma entre los miles de derechohabientes y se está generando una molestia que puede llevar a una situación de inestabilidad y de rebelión peligrosa.

Cuento una experiencia personal, pues la semana pasada en mi sesión de diálisis del jueves al conectarme, dos canalizaciones en la vena, la enfermera me advirtió de que el esparadrapo que les habían dado era de papel y que me iba a poner bastante del mismo para sostener los canalizadores que se mueven ante el flujo que interrumpen para la succión de la sangre y su reinserción.
Resultó que a media sesión el esparadrapo de papel cedió ante la presión de los catéteres y las agujas se zafaron haciendo que perdiera mucha sangre a chorros hasta que una de las enfermeras se percató del incidente y corrió a llamar a la licenciada, la que con mucha pena me sacó las agujas y me selló los agujeros teniendo que volverme a canalizar, explicándome la deficiencia del esparadrapo.

Esta pérdida de sangre de no haber sido atendida a tiempo pudo haberme producido un shock o la muerte, ya que por mi invidencia no sentí ni pude ver la desconexión de las mangueras para gritar por ayuda a las enfermeras auxiliares o las licenciadas en servicio, como lo hacen normalmente todos los pacientes videntes.
Esta situación me obligó a comprar mi propio esparadrapo, como lo he hecho con otras medicinas ante el temor de que las que dan en el Seguro Social no son más que clones de los genéricos que debiera abastecer la farmacia y hasta podrían ser de harina, como sucedió en el pasado reciente en el que 3,500 pacientes perdieron la vida al recibir pastillas de harina y las mujeres con problemas vaginales, óvulos cargados con agua destilada o solución salina.

Lo peor del caso es que los culpables de esta anómala situación están vivitos y coleando, gozando de libertad y de sus fortunas millonarias a costillas de los derechohabientes y cotizantes empresariales y hasta del gobierno de Honduras, como si no haya pasado nada.
Esperemos que el esparadrapo de papel que aparenta por ser baratísimo y del cual se han de haber comprado miles de rollos no produzca su uso en áreas críticas decesos que vendrían a sumarse a las ya miles de víctimas por la compra de lo más barato, aunque su uso sea ineficaz por su fragilidad e inocuidad.

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