Razones para insertar las aldeas en un proyecto de nación

ZV
/ 21 de febrero de 2021
/ 12:59 am
Síguenos
01234
Razones para insertar las aldeas en un proyecto de nación
Monjarás, Marcovia.

Más

Por: Rubén Darío Paz*

Con el devenir de los tiempos, distintos conceptos se han utilizado para organizar el territorio, ya que este forma parte fundamental del Estado. Los términos departamentos, municipios, aldeas, caseríos, provincias, ciudades, villas, cantones, veredas, condados, distritos, corregimientos, se orientan hacia el manejo adecuado de un territorio y se regulan en función de marcos legales desde cada país.

En el caso centroamericano, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua coinciden en su división política, al utilizar las categorías: Departamentos, municipios, aldeas y caseríos, salvo en el caso salvadoreño, donde a las aldeas le denominan cantón. Costa Rica y Panamá se organizaron en función de provincias, cantones y distritos. Siguiendo parte de la herencia colonial, en Panamá aún existe la figura de corregimientos, que a su vez se conforman por varios distritos. Belice ha seguido la tradición anglosajona y tiene sus dominios divididos en distritos.

En el caso de Honduras, al organizarse el Estado como tal, fue necesario realizar la primera división política en junio de 1825, y se crearon los primeros siete departamentos, sin embargo desde la correspondencia oficial, por muchas décadas no dejaron de utilizarse conceptos como: “Pueblos”, “Villas”, “Valles”, “Reales de minas”. Posteriormente se le dio vida a términos geográficos como municipio, aldea y caserío.

Desde mi experiencia docente, en las aulas universitarias, continuamente pude percibir y con alguna preocupación, ¿por qué muchos estudiantes tienden a confundir conceptos de aldea y caserío básicamente?, al indagarlos sobre su “lugar de procedencia”, no mostraron claridad en apuntar, si provenían de un caserío, una aldea, pues casi siempre mencionaron “soy de un pueblo”, “de un lugar” o “de una comunidad”.

Convendría reflexionar desde la escuela básica, o impulsar desde las alcaldías municipales, cartillas informativas sobre cada municipio, y que estas contengan su historia local, sus potencialidades productivas y turísticas, croquis consensuados, sobre sus respectivas aldeas y caseríos, esto podría ser una actividad elemental, para reafirmar el sentido de identidad, pero también para ilustrar a los visitantes.

No es de extrañar que, por razones fiscales, los habitantes de una determinada aldea o caserío, se enfrenten con autoridades de sus mismas cabeceras municipales. Más de una vez en nuestro trabajo de campo por los municipios, hemos podido constatar que ni siquiera las autoridades locales tienen claridad a qué jurisdicción pertenece una lejana aldea o un determinado caserío. Ya nos ha sucedido, que algunos informantes designan a la aldea o caserío con nombres distintos. Solo para un ejemplo, en mapas e informes oficiales aparece la aldea “Cuajo Seco”, pero al consultar con los vecinos del lugar, ellos sostienen que ahí se denomina Las Delicias, (La Encarnación, Ocotepeque).

Situación similar sucede con San Antonio de Chuchitepeque, en San Pedro de Zacapa (Santa Bárbara), por acortar la palabra, los vecinos únicamente le dicen “Chuchi” o en otras ocasiones, le nombran “San Antonio del Chuche”.

Más grave aún es la situación de los pobladores radicados en los exbolsones, incorporados a nuestro territorio, tras el Fallo de La Haya el 11 de septiembre de 1992. Varias aldeas y caseríos fronterizos, quedaron dentro del territorio hondureño, pero gracias al abandono de parte de varios gobiernos, sus pobladores se identifican más con el vecino, que sí les provee asistencia médica y educación elemental. Demás está señalar que las vías de comunicación, desde estas aldeas hacia las cabeceras municipales, sus accesos resultan intransitables gran parte del año, por lo que varios productos salen del país no necesariamente por los puestos fronterizos establecidos.

Es apremiante que, desde el Estado hondureño, se agilice la demarcación fronteriza, con la República de El Salvador. Gestionar e incorporar a los habitantes olvidados de los exbolsones, debe ser un asunto de agenda patriótica.

En Honduras se contabilizan, 298 municipios, 3,731 aldeas y 27,969 caseríos. A la fecha no se han realizado estudios rigorosos sobre las abundantes toponimias a escala nacional.

No sabemos qué significan términos como: Amaranguiles, Esquilinchuche, Zuncuyapa, Puzunca, Conguire, Jucurunca, (Olancho). Bocuire, Araulí, Apalipi, (El Paraíso); Agualcaguaire, Cayanini, (Choluteca); Chupucay, Monquecagua, Togopala (Intibucá); Guacutao, Cancincamon (Lempira); Inchuma, Quezailica (Copán); Macholoa, Yamala (Santa Bárbara). Yamaguare, Yaguasire, (Francisco Morazán). Chililenga, Teguajinal, (Yoro). Tepanguare, Soluteca, (La Paz); Ticamaya, Chameleconcito (Cortés), para una leve muestra.

Desconocemos los roles productivos de las aldeas y sus aportes al desarrollo nacional. Tampoco se han valorado sus bienes patrimoniales, mucho menos sus condiciones naturales, asombrosos ejemplos de arte rupestre, cuevas naturales, bocaminas abandonadas, reservas biológicas, hervideros de aguas calientes, profusas caídas de agua, reservas minerales, bosques secos y latifoliados. Los compatriotas aldeanos siguen narrando cuantiosos eventos míticos, sus ceremonias mágico-religiosas son concurridas, son dueños de una amplia gastronomía escasamente valorada, dueños además de una serie de prácticas agrícolas y un profundo conocimiento ancestral sobre sus entornos locales.

Aldeas en evidente ascenso

No menos interesante resulta el hecho de que varias aldeas en nuestro país, presentan un alto crecimiento poblacional, exhibiendo mejores niveles de vida, infraestructura productiva y un dinámico comercio, que superan fácilmente a sus propias cabeceras municipales.

Monjarás (Marcovia, Choluteca)
Algunos de los prototipos más visibles son los casos de Marcovia y Monjarás en Choluteca. La aldea de Monjarás se extiende sobre parte de la planicie costera, algunas fuentes indican que empezó a formarse desde 1911. En Monjarás se experimenta un impulso agroindustrial, en rubros de exportación como melón, sandía, caña de azúcar, goza además de una afanosa actividad ganadera. Esta aldea tiene una población fluctuante que podría oscilar entre los 20 y 25 mil habitantes, producto de sus diversas diligencias. Tiene sucursales bancarias, cooperativas e infraestructura urbana comercial destacable. Las actividades festivas entre el 10 y el 16 de febrero en Monjarás, son bullangueras, se baila mucho y revisten gran interés en la región sur.

En las últimas décadas las exposiciones ganaderas y desfiles ecuestres han alcanzado notoriedad, las fiestas bailables son amenizadas por conjuntos de renombre, algunas veces llegan de países vecinos como El Salvador y Nicaragua. Con todo y lo que representa Monjarás, sus pobladores no deben descuidar el riesgo permanente de las inundaciones del caudaloso río Choluteca, que les circunda. La implementación de canales de alivio y un manejo adecuado de los abundantes desechos sólidos, podrían evitar que Monjarás deje de ser noticia en los meses lluviosos de cada año.

La cabecera municipal Marcovia (1882), que nos recuerda (la vía de Marcos), fue creado en memoria del reformador Marco Aurelio Soto, desde su casco urbano, aunque tiene lo básico luce opacado, los cambios en su infraestructura son escasos, y el desarrollo humano de sus pobladores siguen una tendencia nada alentadora.

San Juan Pueblo, (La Masica, Atlántida)
Esta sustancial aldea, tomó su nombre gracias a los abundantes árboles de “San Juan”, que aún se pueden observar, repletos de flores amarillas, en los primeros cuatro meses del año.

San Juan Pueblo se localiza en el kilómetro 55 de la carretera que de La Ceiba conduce a Tela, su álgido movimiento comercial y su infraestructura productiva es imposible pasarla desapercibida. Tiene un trazo con todas las características propias de un conglomerado urbano, con la ventaja que la calzada principal, atraviesa el poblado, que ya contabiliza con un poco más de 11,000 habitantes.

En sus alrededores se observan extensas plantaciones de palma africana, sus condiciones de suelo drenadas por el cristalino río “San Juan” permiten la explotación ganadera a gran escala, la producción de granos básicos, cítricos y rambután generan importantes espacios laborales no solo para sus pobladores, sino también a numerosas comunidades aledañas.

Por referencias de un extinto colega, se opina que San Juan Pueblo empezó a poblarse a finales del siglo XIX. Aún quedan en el cementerio local, tumbas abandonadas, donde se puede advertir que corresponden a las primeras décadas del siglo XX.

Algunos relatos locales acreditan que el nombre original fue San Juan Caite, debido a las diferencias marcadas que había con otra comunidad vecina, ligeramente con más desarrollo para ese momento, denominada San Juan Benque. Lo que sí podemos asegurar es que la presencia de los inversionistas Vaccaro, llegaron casi finalizando la segunda década del siglo XX, y por cuestiones administrativas parcelaron grandes extensiones de la llanura costera, así se recuerdan sitios como: El Uno, Carmelina, Campo Soledad y Mazapán, entre otros.

El año de 1924, San Juan Pueblo fue adherido al recién creado municipio de La Masica. Ante la algarabía bananera, numerosas familias de departamentos como Olancho y Yoro se establecieron en San Juan Pueblo. Sin duda con la apertura de la carretera CA-13, en 1972, se vio favorecida, e incluso ahora podemos encontrar en San Juan Pueblo pobladores de diferentes partes del país. Esta aldea de significativa trascendencia en la economía de la región caribe, ya merece convertirse en municipio.

Pinalejo (Quimistán, Santa Bárbara)
A escasos kilómetros de la cabecera del antiguo municipio de Quimistán, se localiza la pintoresca aldea de Pinalejo, sus condiciones geográficas solo son una continuidad del extenso y fértil valle de Quimistán, drenado por el caudaloso río Chamelecón. Su nombre se reduce más a los relatos populares de “pinos a lo lejos”.

Esta aldea, aunque se extiende sobre una amplia planicie, sus amplias calles no siguen un trazo simétrico. Tiene un vistoso parque, reforestado y con amplias áreas para las prácticas deportivas. Además, destaca el edificio de su iglesia católica, moderno, de líneas sencillas pero atractivas. Notorio es el rol que ha venido jugando el brazo social de esta iglesia en varias décadas, de tal manera que han incidido en la organización social, el fomento y promoción de los bienes culturales. El Centro de Espiritualidad y Formación “Las Milpas”, liderado por sacerdotes pasionistas, sigue siendo un referente nacional en la formación de cientos de jóvenes, en diversos campos.

Pinalejo, experimenta un comercio significativo, que se aglutina en lo que se conoce como el “Centro”, y se extiende por la extensa “calle del comercio”, pues ahí se encuentran una serie de negocios, que le dan vida a Pinalejo. La calle del “comercio” atraviesa la población, que a su vez la conecta con numerosas aldeas de la parte alta. Pinalejo ya tiene un espacio ganado en el movimiento del cooperativismo en Honduras. Es revelador que desde hace varias décadas sostiene una comunicación constante vía carretera asfaltada con la ciudad de San Pedro Sula, lo que reafirma que muchos pueblos “valleros”, por razones geográficas, tienen escasos intercambios con la ciudad de Santa Bárbara, ya es necesario replantearse el ordenamiento territorial de nuestro país.

En Pinalejo es notable la inversión en rubros como los granos básicos, una importante actividad ganadera y en sus alrededores aún quedan frondosos bosques, sembradíos de café, cacao e incluso extensas plantaciones de cardamomo.

Pinalejo se inserta en la historia nacional
Escasos informes bibliográficas dan cuenta del año en que Pinalejo surge como conglomerado poblacional. Si conocemos algunas reseñas descritas sobre la familia Paz Barahona-Bográn de finales del siglo XIX, quienes por cierto en esa localidad tuvieron parte de sus dominios, incluso ahí nació el que fuera presidente de Honduras, Miguel Paz Barahona (1925-1929).

Con buen tino, un grupo de emprendedores culturales locales, hicieron en la casa donde nació Miguel Paz Barahona, un museo. Sus salas guardan objetos personales del expresidente y recrean en parte el devenir de Pinalejo. Estas iniciativas tan valiosas podrían replicarse en otros lugares donde han descollado personajes incidentes en la vida nacional, mejor si en cada sitio se cuenta con el asesoramiento de los especialistas del Instituto Hondureño de Antropología e Historia.

Con el ánimo de impulsar un turismo interno, quizás bien intencionado, desde hace muchos años en Pinalejo, se reconoce una atractiva poza del río Plátano, como la poza de los “Tres presidentes”. En palabras de algunos pobladores, sostienen que el referido sitio fue frecuentado por personajes santabarbarenses, que posteriormente se convirtieron en presidentes de Honduras; Luis Bográn, Ponciano Leiva y Miguel Paz Barahona.

No queda duda que Pinalejo sigue desafiando a la cabecera municipal Quimistán, y desde sus condicionantes geográficas privilegiadas, su alentadora propuesta productiva, el entusiasmo y compromiso de sus pobladores, ojalá pronto se convierta en municipio.

Florida de Opatoro (Opatoro, La Paz)
En el departamento de La Paz, encontramos dos ejemplos que es prioridad mencionar. El municipio de Opatoro se menciona en abundantes documentos coloniales, incluso el padre Vallejo en 1889 lo describe “Pueblo cabecera de distrito, situado en un terreno irregular, y casi al pie de la montaña de Marcala, a catorce leguas de la ciudad de La Paz, y en el verdadero centro de la cordillera. Los españoles en sus primeras excursiones lo encontraron en el lugar donde hoy ocupa; es tan antiguo como Similitatón y Yarula. En el año de 1870, la mayor parte de sus moradores hablaban todavía dialecto”. En la actualidad podemos ver que el casco urbano de Opatoro parece estancado, sin embargo conserva su iglesia colonial con una riqueza patrimonial digna de valorar y promover. Su elegante cabildo municipal ha sido sometido a varias reparaciones, pero aún conserva esa arquitectura de antaño. Especial mención merece la “la Cruz del siglo”, un significativo monumento que data de 1900, construido por iniciativa de los sacerdotes, cuando iba acaecer el cambio de siglo. Su parque central, amplio y reforestado, está dedicado al prócer nacional Francisco Morazán, que por cierto no he visto en el país otro busto que difiera tanto del personaje que nos han mostrado desde la historia oficial. Tenemos monumentos de “rara belleza” en honor a Morazán, el de Opatoro, no tiene parangón.

Al verde municipio de Opatoro pertenece la aldea de Florida de Opatoro, esta se extiende sobre una leve planicie, en su trazo se observa un cuadrado regular, anchas calles, tiene un parque amplio, una iglesia sencilla pero vistosa. Durante los fines de semana sus calles se convierten en una álgida plaza comercial, aquí llegan vendedores desde apartados lugares. Por su trascendencia poblacional, se encuentran presentes varias instituciones del Estado, incluso ahí funciona una oficina del Registro Nacional de las Personas. No sería de extrañar que las fuerzas vivas de Florida de Opatoro, empiecen a pedir la categoría de municipio, sin necesidad de rivalizar con la cabecera municipal a la cual pertenecen.

Los Planes de Santa María (Santa María, La Paz)
Siguiendo la carretera que desde La Paz conduce a Marcala, a la altura del kilómetro 42 y a mano derecha se llega a Los Planes, su descripción geográfica, aunque no del todo acertada, resulta “plana”, si se compara con las exuberantes serranías en sus proximidades, correspondientes a las montañas de La Sierra. Con frecuencia en los meses de noviembre hasta febrero, el paisaje luce con abundante neblina, con fríos intensos, propios de una meseta intramontana.

Esta aldea ligeramente urbana, es un lugar de acopio comercial, más evidente durante los fines de semana, pues sus calles parecen una feria patronal. Han proliferado todo tipo de negocios, más evidentes los que están relacionados con el rubro agro-cafetero, se observan calles asfaltadas, varias construcciones de dos pisos y una población fluctuante ya considerable.

A escasos kilómetros de Los Planes, se encuentra el vistoso y apacible casco urbano de Santa María que da nombre al municipio, se evidencian escasos cambios en sus calles céntricas. Su iglesia dedicada a la virgen Santa María es pequeña, con dos torres laterales de exigua altura, en su interior sus retablos son básicos, pero bien cuidados, sus imágenes denotan mano de obra local. Sus festividades religiosas revisten mucha participación.

En Santa María, se goza de temperaturas agradables casi todo el año, su movimiento comercial es básico, favorecido en parte por lo que sucede en Los Planes, igual porque es un paso obligado, para llegar a Santiago de Puringla, este último es un municipio que marca una tendencia comercial y es ejemplo en la conservación de los recursos naturales en la zona. En vista de la amplitud del tema, en otra entrega abordaré algunas aldeas de trascendencia histórica como Santiago de Posta, Luquigue, San Francisco Cones, San Antonio Pacura, Esquilinchuche, Cuyalí, Villa Santa, San José Pane, Yamala y Jiquinlaca. Mi agradecimiento a muchos lectores, que con frecuencia comentan mis breves artículos, o nos envían sugerencias, a todos gracias.

Nueva York, El Níspero, Santa Bárbara

*Rubén Darío Paz. Director de Gestión Cultural en el Centro Universitario Regional de Occidente – CUROC-UNAH. Docente de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán en Santa Rosa de Copán. Realizó estudios de Historia y Antropología Cultural. Es autor de varias publicaciones, ensayista y fotógrafo. Miembro de la Academia de Geografía e Historia. Correo rubenga1934@yahoo.com (Tel. 8902-7049).

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América