Memoria prodigiosa de Mario Hernán Ramírez

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/ 20 de junio de 2021
/ 12:01 am
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Memoria prodigiosa de Mario Hernán Ramírez

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Por: Segisfredo Infante

Jorge Luis Borges tiene un cuento titulado “Funes, el memorioso”. Diríamos que el personaje borgeano es un arquetipo de la memoria fotográfica, adquirida después de un doloroso accidente. El mismo Borges poseía una memoria proverbial, la cual se evidenciaba cuando le hacían entrevistas radiales. Por supuesto que una cosa es hablar con muletillas y vacilaciones, y otra cosa es escribir con rigor. Por eso Borges se quejaba que las abstracciones en general, principalmente filosóficas, le estaban negadas, motivo por el cual se apoyaba constantemente en las citas de sus autores favoritos. De algún modo se identificaba con “Funes”, su propio personaje. Sea como haya sido, Jorge Luis Borges era encantador, aun cuando sus opiniones fueran diferentes de las nuestras.

Al hablar de hombres memoriosos es más que pertinente traer a colación el nombre del hondureño Mario Hernán Ramírez, un personaje de edad muy avanzada, pues nació el 05 de marzo del año 1934, cuya memoria fluye prodigiosamente, mansamente, por el río caudaloso de los recuerdos “inmóviles”. El conocimiento respecto de la memoria de este catracho especial, me ha sido posible gracias a una amistad progresiva que ha crecido en el curso de los años, bajo la sombra acogedora de la poesía de Juan Ramón Molina, de cuyo grupo Mario Hernán es el presidente vitalicio.

Durante más de un año, dadas las feas circunstancias del mundo, hemos conversado telefónicamente, tanto para preguntarle por su estado de salud como para recabar datos genealógicos e históricos en los cuales Mario Hernán ha sido uno de los protagonistas, tanto en forma directa como indirecta, pues el amigo ha conocido a los personajes políticos, militares y periodísticos de Honduras que han desfilado en el curso de muchas décadas, aproximándose a la centuria. Las informaciones que Ramírez ofrece a sus interlocutores no son nada forzadas, sino que fluyen de manera espontánea. Aparte de eso las conversaciones adquieren a veces el giro del humor, al agregarles chile y pimienta, sin necesidad de ofender a nadie, en tanto que la mezquindad y el egoísmo son totalmente ajenos al espíritu altruista del amigo.

Antes de tratar a Mario Hernán Ramírez en forma más cercana, tuve el privilegio de conocer a otros hondureños de memoria singular. Uno de ellos fue don Juan Valladares Rodríguez, quizás el primer genealogista hondureño. En la primera conversación me aclaró que el apellido “Infante” se localizaba en Quezaltenango, Guatemala, y supongo que se refería, en primera instancia, al período colonial centroamericano. A la par tuve ocasión de disfrutar la amistad de don Julio Rodríguez Ayestas, cuya memoria para los acontecimientos hondureños era esclarecedora. Por aquellos años, me refiero a las décadas del ochenta y del noventa del siglo pasado, cultivé también la amistad de don Eliseo Pérez Cadalso, a quien le escuché una disertación de dos horas (a pura mollera) sobre la vida y obra de Rafael Heliodoro Valle, a quien había tratado en forma personal, en Tegucigalpa, y en la ciudad de México. Mario Hernán Ramírez añade la capacidad recordatoria de Jorge Fidel Durón y Joaquín Bográn Fiallos. Me siento tentado a incluir el nombre de Ramón Oquelí Garay; pero ocurre que la riqueza de datos de “Don Moncho” era el resultado de horas intensas de investigación en las hemerotecas hondureñas, en donde me lo encontré varias veces con una grabadora pequeña “copiando”, verbalmente, las informaciones de revistas y periódicos polvorientos y olvidados.

Me gustaría añadir los nombres de “jóvenes” con memorias proverbiales; pero corro el riesgo de caer en unilateralismos y exclusiones involuntarias. O de agregar los nombres de personas que inventan y distorsionan datos, antojadizamente. Por ahora sólo puedo decir que Pedro Morazán poseía una memoria privilegiada en el viejo Instituto Central “Vicente Cáceres”. (De repente Pedro ya perdió aquella memoria). Otro caso singular ha sido el de Karla Herrera, gran admiradora de “Funes, el memorioso”. De quien no me cabe la menor duda es de la extraordinaria capacidad de recordar datos históricos del sacerdote Juan Ángel López.

El caso de Mario Hernán Ramírez es extraordinario. No solo recuerda datos precisos cuando conversa, sino también cuando escribe. Solamente una vez le detecté una información equivocada, quizás porque la fuente que le sirvió de base, estaba oralmente distorsionada. De lo contrario es sabroso y aleccionador conversar con el amigo Ramírez, aun en momentos transitorios en que su salud física decae, y en que “Doña Elsa”, su leal esposa, derrama bálsamos y ungüentos sobre sus dolencias.

Coherente con todo lo anterior, soy de la opinión que el premio de periodismo “Álvaro Contreras” adjudicado este año 2021 a Mario Hernán Ramírez, está más que justificado y merecido. Esperamos que el amigo se reponga de todos sus quebrantos de salud, a fin de que continúe paladeando este singular laurel periodístico.

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