No existe oposición unida, pero sí un nacionalismo activo

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/ 21 de septiembre de 2020
/ 12:18 am
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No existe oposición unida, pero sí un nacionalismo activo

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No existe oposición unida, pero sí un nacionalismo activo. Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

El problema para lograr la alianza política en la oposición son los socialistas porque estos quieren un candidato a la Presidencia de la República del partido Libre; y los liberales, no ceden a integrarse en una alianza estratégica que no sea con un candidato liberal. Por otra parte, los pequeños partidos, tampoco están muy claros en hacer alianza con ellos. Ante tal estado de tirantez política y falta de acuerdo e integración estratégica interpartidaria; los nacionalistas, activan y no ceden ante la intensa campaña de victimización, de calumnias y denuncias por corrupción. También, está a la vista que el nuevo partido (PSH), tampoco busca aliarse con Libre, aunque podría hacerlo con los liberales.

Los asuntos de vital importancia para el cambio estructural de la formación social hondureña nada importan, por el contrario, la lucha por el poder, gira alrededor de una agenda política centrada en el “caudillismo político” y no en una visión que encause el desarrollo nacional.

No se ve plena conciencia ni en los partidos de la oposición, ni en el Partido Nacional, ni tampoco en el liderazgo político nacional; en el esfuerzo por poner sobre la mesa de la discusión, las soluciones cooperativas para lograr la gobernabilidad y la convivencia democrática.

En vez de promover la dialéctica cívica inteligente y amistosa o las relaciones de respeto político efectivas, promueven el odio, la calumnia, la difamación y el debate “flojo y vacío” con énfasis en elementos poco esenciales para mejorar la cohesión social y la legitimidad política.

Pareciera que nuestros políticos “indoctos e inconstantes”, se han encerrado en una burbuja contaminada por el egoísmo, el personalismo ambicioso y el autoritarismo. No les importa la democracia y esta va perdiendo cada vez más su rumbo y volviéndose vulnerable e ingobernable democráticamente. Nuestra democracia, es frágil y, por esta razón, las vulnerabilidades que enfrentamos se constituyen en grandes desafíos.

En Honduras, enfrentamos retos de enorme magnitud, como la ingobernabilidad, las violencias por convivencia y criminalidad, la falta de cohesión social, exclusión de etnias y una debilidad institucional que genera baja confianza. Asimismo, la reducción de las inversiones de fuentes internacionales.

La poca solidez del desarrollo de la democracia hondureña es evidente; lo que hace necesario, enfrentar la consolidación de la gobernabilidad y la convivencia democrática.

El gobierno actual ha sido diligente en sus esfuerzos para mejorar las condiciones del desarrollo socio-económico y la integración social. Han generado ciertas políticas orientadas a satisfacer las necesidades básicas del conjunto de la población. Sin embargo, enfrenta un contexto político adverso y ofensivo por las denuncias de corrupción que, lamentablemente, ensombrecen todo lo bueno que hacen en pro del desarrollo socio-económico. En esto, por más que el nacionalismo esté activo, no van a lograr salir avante sino corrigen la relajación, que impide cambiar las condiciones contextuales que permiten la ocurrencia de actos de corrupción pública.

En la medida de la eliminación de actos de corrupción pública, se fortalece el posicionamiento político y se mejora la institucionalidad democrática. Y, por ende, se crea un clima internacional amigable para atraer la inversión internacional.

En la actualidad, he podido comprobar que la única institución pública que efectivamente está contribuyendo a mejorar la convivencia democrática, es la Secretaría de Seguridad. Al crear mecanismos de acercamiento de la Policía Nacional a la ciudadanía a través de la instalación de observatorios de las violencias, que recolectan y validan los datos; asimismo, organizan e integran los Consejos de Convivencia y Seguridad Ciudadana y, además, contribuyen a elaborar los planes estratégicos para combatir las relaciones de irrespeto activas al nivel municipal. Y, han establecido en la Ley de la Policía, la doctrina comunitaria que promueve el respeto a los principios de derechos humanos y la participación ciudadana.

Los políticos deben plantear en sus posturas argumentos sobre la gobernabilidad con convivencia democrática, visibilizar una discusión que saque a la luz a los actores de la gobernabilidad. Al empoderar el tema de la convivencia, los políticos se obligan a hablar entre ellos no de manera mecanicista u obstruccionista de las políticas públicas o la legitimidad, sino del proceso que debemos construir diariamente entre quienes habitamos Honduras, una comunidad, una región. La convivencia democrática consiste en cambiar para bien las relaciones múltiples entre los más diversos grupos de población, que coexisten y que demandan transitar hacia nuevas formas de relacionamiento. No deben dejar que domine la convivencia democrática inadecuada, en la que, sean las relaciones de irrespeto las que predominen y creen el conflicto social y permitan su progresividad. Aprendamos a tener libertad, respeto por los demás, ausencia del uso de la fuerza o la amenaza de su uso, aplicando la regla de las mayorías para construir interacciones que hagan una vida democrática.

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