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/ 29 de septiembre de 2020
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Armando Cerrato
Licenciado en Periodismo

Como si fueran dos elefantes blancos los hospitales móviles adquiridos por el gobierno de Honduras a un intermediario que los sobrevaloró al doble del costó y no ofreció ninguna garantía ni de entrega, ni de uso, por lo que se estima que los dos que ya están en Honduras fueron desmontados y son chatarra usada que a más de dos meses de llegados al país siguen sin prestar ningún servicio.

Y ya hay en camino otros dos de 5 restantes, sin que se sepa aún si los otros tres ya están terminados y listos para su embarque en el puerto de Estambul, Turquía, donde fueron encargados.
Se espera que pronto estas unidades médicas que no son tan móviles como se decía, entren en servicio para beneficio de la salud del pueblo hondureño, azotado por una pandemia mundial de un mortal virus COVID-19.
Muchos medios de comunicación social que hacen semioposición al gobierno nacionalista de Juan Orlando Hernández Alvarado, condenan todos los días no solo la millonaria inversión sino la no entrada en funcionamiento de las unidades que al parecer aún están en pruebas y sin el personal necesario para atenderlos y cuestionados funcionalmente para la atención del COVID-19, por lo que especialistas médicos han recomendado que se traslade a ellos enfermos de otras patologías y las salas que vayan quedando vacías de los hospitales fijos tradicionales sean utilizadas para la atención de los afectados por la pandemia.

Se espera para los próximos días la llegada de dos unidades móviles más, pero sin que se sepa qué pasará con las otras tres restantes de siete que fueron adquiridas a un costo de 48 millones de dólares (1,224 millones de lempiras), que fueron pagados incondicionalmente y con cláusulas de confidencialidad al estafador internacional guatemalteco, Axel López, por el exdirector de Inversiones Estratégicas de Honduras (INVESTH) Marcos Bográn, quien realizó otra serie de transacciones oscuras y dolosas que implican el despilfarro en cientos de miles de millones de lempiras más, que por generaciones habrá de pagar el pueblo de Honduras que muere por falta de oxígeno y otro tipo de atención médica pese a que científicos hondureños han desarrollado dos tratamientos que no son curativos pero que sí disminuyen la acepción viral (MAÍZ y CATRACHO), que han sido ponderados como algo muy eficaz para disminuir la letalidad del virus por la comunidad científica internacional donde han sido expuestos.

Mientras tanto el Presidente hondureño en constantes comparecencias de radio y televisión nos tiene una fuerte campaña basada en una danza de millones de dólares y lempiras con los que afirma que se combate la pandemia de la cual se espera más bien, un incremento al haber alcanzado el efecto meseta del desarrollo de la misma y se espera un rebrote espectacular a medida que se va reabriendo la economía por la falta de precaución en medidas preventivas tan simples como el uso de mascarillas, caretas, el lavado de manos con agua y jabón, el uso de gel antibacterial y el distanciamiento físico entre personas de una distancia de 1.5 metros a 2 metros.
También en su danza de millones el mandatario sostiene que todo anda muy bien, mientras sus más cercanos colaboradores han comenzado una serie de despidos masivos en el sistema de salud y del IHSS de personal médico, licenciadas en enfermería y auxiliares, personal administrativo y de otros servicios que fueron enrolados para estar en primera fila en el combate a la pandemia bajo la promesa del Poder Legislativo que decretó que todo el que estuviese en primera línea iba a obtener una plaza fija en el precario sistema de salud nuestro.
Es por ello que los despedidos sostienen que se les envío a la guerra sin las armas necesarias como carne de cañón y hoy se les despide vilmente incumpliendo las promesas gubernamentales.

En la incertidumbre también se encuentra el personal contratado bajo el sistema denominado “Código Verde” que ya lleva varios meses de trabajo en los centros hospitalarios, centros de triaje y brigadas móviles, sin que se les haya abonado el salario respectivo y se les paga a cuenta gotas, aun cuando esta gente además de comer, pagar alquileres, luz eléctrica, agua potable y otros servicios necesarios para el desarrollo de la vida cotidiana de ellos y sus familiares, arriesgan su salud minuto a minuto durante varias horas al día en el afán de salvar otras vidas del mortal ataque del virus COVID-19, mientras tanto en hospitales muy especializados como el IHSS y el Instituto Cardiopulmonar el número letal de fallecidos se produce a diario y algunos médicos sostienen que se debe a un poco de negligencia o descuido en el tratamiento a los pacientes ya que a veces el hospital se encuentra desabastecido hasta de una vil torunda impregnada en solución salina para limpiar los ojos pegados por las secreciones que produce el coronavirus COVID-19 por una conjuntivitis muy grave.

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