TAN CLARO

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/ 16 de abril de 2021
/ 12:14 am
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POR lo bien sustentada y la amplia explicación que ofrece la resolución emitida por el CNE, resolviendo impugnaciones presentadas, nadie en su equilibrado y sano juicio podría dar mérito a esa insidiosa campañita de descrédito montada por perdedores y sus bocinas, para empañar el proceso electoral y minar la confianza ciudadana en el sistema democrático. Extractos de algunos considerandos: “Con la finalidad de prevenir y contrarrestar las denunciadas acciones fraudulentas ejecutadas desde las mesas, el CNE resolvió poner fin a la retorcida e ilegal práctica de entregar las credenciales en blanco o de forma anónima, exigiendo a los movimientos internos la presentación de los listados de sus representantes para emitir las credenciales con nombre y apellido”. “Los impugnantes desacataron la resolución emitida por el Pleno del Consejo, argumentando arteramente, que la decisión era ilegal”. “El Consejo ante tal acto, se vio compelido a entregar las 15,920 credenciales a cada uno de los movimientos sin designación de nombres, bajo firma de declaración jurada para hacer buen uso de las credenciales y devolver al Consejo las que no utilizaran”.

“A la fecha, ningún movimiento ha devuelto credenciales, por lo cual se entiende que todos tuvieron representantes en las distintas mesas a nivel nacional, que son responsables junto a quienes los designaron, del manejo de las mismas”. “Salvo prueba en contrario, el Consejo asume que los miembros MER que representaron a los impugnantes en la presidencia, secretaría, escrutadores o vocalías, estuvieron presentes en la integración y apertura de la jornada electoral”. “Los impugnantes que desacataron la resolución de nominar sus representantes en las mesas, indican en su escrito, que las actas están manipuladas, que hubo alteración por dolo de las actas de escrutinio y de los resultados, incremento inusual de votos; fraude en la suma de los votos y falsificación de las actas o certificaciones electorales, y solicitan ahora, la intervención del Consejo pero sin presentar ninguna copia certificada de las actas de cierre de las MER que sea distinta al acta original que retornó en las maletas al CNE, quien se las proporcionó de forma encriptada y tal como vinieron de su fuente originaria donde tenían cada uno, un miembro propietario y un miembro suplente en los cargos de Presidente, Secretario, Escrutador o Vocal, por lo que de existir cualquiera de las conductas dolosas por ellos denunciadas, sus representantes tendrían participación y conocimiento directo”.

“Los impugnantes solicitan la corrección de la transcripción de los resultados con el escrutinio emanado, corrección de alteraciones, del mal llenado, de las incongruencias en el balance y de la asignación irregular de votos a los candidatos; pero no acompañan ningún documento u hoja de incidencias que acredite que sus miembros MER se manifestaron en contra, o hayan firmado bajo protesta los resultados consignados en las actas originales, por lo que se deduce que estuvieron de acuerdo con los datos consignados en el acta de cierre original”. “Una impugnación se entiende como el acto de combatir, contradecir o refutar una actuación, en este caso ocurrida en las Mesas Electorales Receptoras cuyos miembros eran responsables de la realización del escrutinio de los votos, el llenado de las actas y la devolución de la maleta con el material electoral para efectuar el escrutinio general definitivo”. “Conocidas de antemano las reglas para el desarrollo del proceso electoral primario e interno el domingo 14 de marzo pasado, los impugnantes se negaron a cumplir una parte fundamental como lo es la acreditación previa de sus miembros en la mesa electoral, fallando a un deber fundamental y desafiando la autoridad del CNE, acción que no puede pasar desapercibida por este organismo al desplegar sus atribuciones de control jurídico sobre las actas de cierre elaboradas por los delegados de cada MER designadas por dos de los tres movimientos que mayoritariamente las integraban, y más aún, únicamente donde los resultados le son adversos, sosteniendo incólumes las actas que les benefician en un claro intento de manipulación, sumado a la campaña y despliegue publicitario en deshonra, descrédito y menosprecio de la autoridad electoral”. (Algo tan claro solo la obnubilación no la entiende. La narrativa del fraude –emulando la mentira ventilada en los Estados Unidos que desembocó en la violenta toma del Capitolio– no es otra cosa que una táctica de deslegitimar las elecciones. El argüido fraude, en todo caso, fue por obra y gracia de los representantes en las mesas y sus jefes, de los movimientos políticos. De la sólida argumentación del CNE se desprende que si ninguno devolvió credenciales debe presumirse que todos tuvieron representantes y observadores en todas las mesas, cómplices del delito que denuncian).

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