El encuentro de lo humano

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/ 20 de junio de 2021
/ 01:00 am
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El encuentro de lo humano

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Por: Nery Alexis Gaitán

Señor Director de la Academia Hondureña de la Lengua

Lic. Juan Ramón Martínez
Académicos presentes

Amigos todos que me acompañan:
Deseo agradecer las hermosas palabras de fraternidad y amistad hacia mí, que Juan Ramón ha manifestado. Y el recordatorio que ha hecho de nuestra amistad desde hace varias décadas. Amistad que hemos cultivado con sabores y sinsabores en la defensa de la patria y de la democracia.

También deseo agradecer a mi amiga, mi compañera y académica, Doña Melissa Merlo, quien ha leído el excelente trabajo crítico: “Jeshua o la historia de un amor” haciendo una precisa aproximación a mi novela. Es sorprendente la visión muy acertada que maneja, sobre la finalidad de mi libro que describe ciertas facetas de la condición humana.

Al presentar esta novela, “El amor muere todos los días”, recuerdo que novelar es describir todas las ansias y anhelos del corazón humano. La literatura construye mundos que parten del alma hacia la inmensidad de la vida misma; porque desde el inicio y hasta el final, la literatura es la expresión del encuentro de todo lo humano, ese equipaje de amor y desamor con el que se construye la existencia día a día.

Al escribir esta novela, por su naturaleza temática, no quise hacer una historia que irrespetara lo religioso; o que reflejara cierto desprecio hacia el mundo espiritual. No es mi naturaleza, ni está en mi formación humanista menospreciar lo grandioso del espíritu y el cultivo de los altos valores establecidos por el Dador de la Vida.

Pero sí, partiendo de los temas eternos como lo son el bien y el mal, me he atrevido a filosofar sobre la naturaleza del proceder humano. La narrativa es una experiencia maravillosa para hacerlo; a través de una historia, de una serie de historias, se pueden contar la vicisitudes que enfrentan los hombres y mujeres en la cosecha de los días.

Es así que quise reflexionar sobre la naturaleza de los actos de los hombres desde la dualidad eterna. El mal está representado por aquel, que según la palabra santa, cometió el primer asesinato de la historia humana y, siendo fiel a su naturaleza perversa, en mi libro se convertirá en el prototipo de la maldad que se destila en el corazón de los hombres y mujeres.

Y es que este recorrido de maldad, a través de diversas épocas y lugares, de este personaje sin edad, viene a ser una crónica de la maldad que el ser humano ha manifestado desde los inicios del tiempo. Y tristemente nos damos cuenta que el bregar que ha experimentado entre los hombres, le va dejando una estela de amargura, ante la mala levadura que yace en el fondo del alma humana.

Y da por sentado que el hombre, fiel a lo que es; es decir, a la maldad que lo gobierna, está incapacitado para andar en los pabellones del bienestar y la generosidad. Este personaje errante, pleno de amargura, al mejor estilo existencialista, inicialmente se conduele por vivir, pero concluye que sus días sin fin, que es lo único que posee, puede trastocarlos en el deleite que el mundo le ofrece: placer a mansalva sin consecuencia alguna. Escapando así del tedio de desencanto que tiene incrustado en el alma. Por lo tanto, generar maldad, es su escape, su razón de ser, su sentido para poder enfrentar y justificar sus días eternos.

Por otro lado, yéndonos al extremo opuesto, encontramos a un personaje que, pleno de bondad, ha dejado una huella profunda en la humanidad. Y a través del amor ha impactado la condición humana en general. Hacerlo volver a vivir es posible en el campo novelesco, en este tiempo o un tiempo futuro, situación que deberá descubrir el acucioso lector de esta novela, que deberá transitar por esta trama que oscila entre el bien y el mal que diariamente los hombres y mujeres construyen.

Eso, entre otros aspectos, harán que el lector se desplace en un campo de acción no muy usual en nuestro entorno novelesco nacional. Y es que desde siempre me ha interesado abordar temas universales, más que locales; con la intención de que el lector de cualquier lugar pueda encontrarse en mis escritos.

Porque siempre los escritores, aunque no lo digamos, queremos fijarle caminos vitales a nuestros lectores. En mi caso, siempre he aludido a la gama de valores trascendentales que se pueden abrigar en el alma humana. En el caso de esta novela yo espero que mis lectores reflexionen sobre la calidad de los actos de los hombres. Y que, una vez más, con su libre albedrio exploren las motivaciones de mis personajes, para dibujar o desdibujar el hermoso panorama que es la vida.

Aunque a veces tiendo a la tristeza, me niego a pensar que todo es desencanto; y sé que hay un final de amor que justificará el incierto o inhumano a veces, momento presente que convocan los seres faltos de luz. Y que debemos conquistar el radiante sol de la hermandad que nos vuelve más humanos. Quizás la exigencia sea conquistar la felicidad plena y no conformarse con menos. Y si el amor muere todos los días, es nuestro deber darle vida en cada instante con nuestros actos que dignifican todo lo bueno y noble que existe.

Quizás este historia novelada es un recordatorio de que el bien y el mal es una opción que se nos presenta en cada instante de nuestras vidas. Y que germinará aquel valor o antivalor que alimentemos con nuestros actos. Y que el ser que nos viene a recordar lo valioso de la existencia, también viene a exigirnos un ajuste de cuentas, porque todo en la vida tiene su pago.

Es así que nuestras decisiones nos marcan el camino que transitamos, con amor o desamor. Que inevitablemente prefijan nuestro sendero vital. Que en los tiempos modernos rinde culto al mundo y sus veleidades. Y es tan fuerte su influencia que no estamos dispuestos a renunciar a las mieles que él nos ofrece; aunque sepamos que son transitorias. Y es posible que aquí se devele parte del drama humano: el hombre que ha renunciado a la inmortalidad por el plato de lentejas del quehacer mundano.

Este quizás sea el leitmotiv de esta narración, donde toda la humanidad toma decisiones que definirán su futuro inmediato. Al final encontraremos algo que ya sabemos de antemano, que nada es para siempre y que todo llega a su fin.

Agradezco infinitamente a todo el personal de la Academia Hondureña de la Lengua que ha hecho posible la realización de la presentación de mi libro. Para todos ellos mi abrazo de agradecimiento.

También agradezco a todos los presentes por la generosidad de su interés en mi novela. Reciba cada uno mi sincero abrazo.

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