CUANDO LOS CENTROAMERICANOS NOS UNIMOS PARA EXPULSAR A LOS FILIBUSTEROS ESTADOUNIDENSES (*)

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/ 17 de abril de 2021
/ 12:36 am
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CUANDO LOS CENTROAMERICANOS NOS UNIMOS PARA EXPULSAR A LOS FILIBUSTEROS ESTADOUNIDENSES (*)
Juan Rafael Mora Porras, presidente de Costa Rica, solicitó el apoyo de Centroamérica para expulsar a Walker.

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Por: Juan Ramón Martínez

Señores embajadores de Costa Rica y Nicaragua
Señores representantes diplomáticos de El Salvador y Guatemala
Señores miembros de la Comisión del Bicentenario de la Independencia
Señores y señoras

Este acontecimiento que nos reúne a los centroamericanos, alrededor de la figura de Juan Rafael Mora y Juan Santamaría, aquí en Tegucigalpa, tiene una enorme significación para la Centroamérica de hoy. Especialmente cuando estamos a 200 años de la fecha en que juntos, como hermanos, los centroamericanos, declaramos la voluntad de ser independientes. En 1856, 28 años después de roto el pacto federal, que mantenía unidas a las cinco provincias, estas respondieron en forma unida y solidaria, ante el enemigo común. La presencia de aventureros estadounidenses, atraídos por políticos de la región, con el ánimo de derrotar a sus adversarios y amparados psicológicamente en las ideas de superioridad blanca y las que les imponía el “destino manifiesto”, pretendían anexar a CA a los Estados Unidos. William Walker había efectuado para entonces un intento fracasado en Sonora, en México, que le haría morder el polvo en Centroamérica y dejar sus huesos en una tumba en Trujillo, en la costa norte de Honduras, en 1860.

La acción conjunta, la primera y única de carácter armado de toda nuestra historia común, es encabezado por Costa Rica que para entonces contaba con el mejor equipo militar de la región, posiblemente porque ella es la primera que libra la primera guerra civil en 1823; y fue respaldada por Guatemala, El Salvador y Honduras. Honduras no estaba preparada para la aventura guerrera. Apenas, hacía poco, había experimentado la invasión del general Rafael Carrera que, por animosidades políticas, había derribado al general Trinidad Cabañas y como consecuencia de tal lucha, el tesoro nacional, de por si exiguo, se encontraba exhausto. Pero pese a lo anterior, con tropas al mando del general Florencio Xatruch, un militar inteligente y capaz –estratégica y tácticamente–, Honduras tuvo un desempeño extraordinario en esta lucha y si no se demuestra lo contrario, logramos, por el cariño y la voz popular del pueblo centroamericano esperanzado, el gentilicio de catrachos, como una derivación de la frase general, ¡allí vienen los Xatruchez!. ¡Allí vienen los catrachos!

Guatemala se hizo presente con tropas bajo el mando del general Mariano Paredes y El Salvador con soldados dirigidos por el general Ramón Belloso. Costa Rica, sin duda -y esa es justificación la reunión en que el liderazgo de esta festividad conmemorativa es encabezado por el señor embajador de Costa Rica-tuvo un desempeño brillante en esta campaña, no solo por la fuerza de sus tropas y sus jefes, sino que porque allí, en esta campaña, es donde nació desde la muerte, Juan Santamaría, quien desde el mesón incendiado que puso en desventaja a los filibusteros, ascendió hasta los altares del civismo de los costarricenses. Y de la gloria.

Pero esta conmemoración es, también, un encuentro para con la vista puesta en el futuro. Centroamérica se une en las dificultades y se crece en las desgracias y en los infortunios. 200 años después de la independencia, y a 165 años de los acontecimientos de abril de 1856 y a 161 de la muerte por fusilamiento de Walker, en Trujillo, Honduras, los centroamericanos, también tenemos que entender que, estamos obligados a unirnos para construir el futuro. Si la amenaza nos unió en 1856, ahora en que nuevas amenazantes barruntos obscuros se ciernen en el horizonte de nuestros países, es necesario regresar a la solidaridad inicial. Y, aceptándonos como hermanos, admitiendo nuestras peculiaridades y diferencias; y colocando por encima la necesidad común de trabajar juntos para derrotar la pobreza de nuestros pueblos, la existencia de nuestras sociedades y la especificidad de nuestra región, unirnos otra vez, en una sola nación; o, por lo menos en un solo espíritu, para responder a nuevos retos y amenazas, que menos ruidosas, tienen la misma finalidad: negarnos la libertad y la posibilidad de ser una región, con cinco naciones prosperas, unidas por el pasado común y el respeto obligado de la comunidad internacional.

Que las batallas de ayer, que nos cubrieron de gloria por la unidad que las sustentaron, sean las mismas que ahora, en el segundo centenario de nuestra independencia, nos hagan sentirnos hermanos fraternos, no solo para reaccionar a los ataques y amenazas de la fuerza bruta, sino que también para enfrentar los peligros de los que nos quieren dividir -más que como estamos- y además, destruir la cultura común y la fraternidad para responder, como un solo hombre, a las amenazas colectivas que comprometen nuestra libertad. Nunca más, cuando uno de los cinco hermanos sufra, los cuatro restantes, le darán la espalda: los ticos, los catrachos, los salvadoreños, los nicaragüenses y los guatemaltecos, nos dieron un ejemplo en abril de 1856 en la Segunda Batalla de Rivas, que todos debemos seguir.

Los hijos de Valle y Morazán, de Gerardo Barrios, de Justo Rufino Barrios y Rafael Carrera, Juan Rafael Mora y Juan Santamaría, Máximo Jerez y Augusto César Sandino, seguimos de pie, para defender la libertad y la dignidad de Centroamérica. “Alta es la noche, y Morazán vigila”.

Muchas gracias.

(*) Discurso pronunciado por Juan Ramón Martínez, Embajador y Coordinador General de la Comisión del Bicentenario de la Independencia de Honduras, en la coronación del busto de Juan Manuel Mora Porras, expresidente de Costa Rica, el 12 de abril del 2021.

Florencio Xatruch, hondureño, comandó las tropas de Honduras y fue General de las tropas centroamericanas.

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