¿TARDE O TEMPRANO?

MA
/ 27 de abril de 2021
/ 12:25 am
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¿TARDE O TEMPRANO?
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MUCHOS han ido a Estados Unidos a inocularse. Algunos, incluso, han viajado a ponerse la rusa a Nicaragua. El primer hondureño que la probó aprovechó su participación en un mitin celebrado en Venezuela. Otros aguardamos (al pendiente, según se escucha decir por la radio a algunos comunicadores) las gestiones realizadas por la cúpula empresarial en los Estados Unidos para adquirir la Pfizer o la Moderna. Sin embargo, quienes fueron a hacer los contactos, mantienen como en secreto sus diligencias. No sueltan prenda, quizás debido a que todavía no hayan logrado concretar negociaciones. Allá se enteraron que las farmacéuticas norteamericanas no venden a particulares sino a gobiernos. Así que la carambola depende de un tiro de banda. Aseguran que la Pfizer la fabrican en México. Pero tampoco hay seguridad de ello. En un inicio los mexicanos ofrecieron ser distribuidores de vacunas a los países latinoamericanos.

Sin embargo, más bien AMLO tuvo que conseguir vacunas en Rusia y de otros laboratorios que las tienen, por atrasos en la fábrica que montaron para proveer una de las marcas conocidas. La esperanza, empero, es lo último que se pierde. Tarde o temprano de algún lado las van a suministrar. Mejor sería que fuese temprano y no tarde, ya que lo tardado cobra demasiadas vidas. A no ser que la AID done un lote considerable de cualquiera de esas dos vacunas que mencionamos. Si los rusos han mostrado generosidad proveyendo sus fármacos –informan que a eso fue el canciller a Moscú, a enterarse cómo funciona el trámite– no habría razón por la cual no esperar esta asistencia de los aliados tradicionales. Más ahora que hay altos funcionarios estadounidenses convencidos que la mejor política de convivencia es el trato solidario a sus vecinos. En especial a estas naciones del Triángulo Norte de donde –a falta de empleos, y ahora la devastación de sus economías debido a la pandemia, más las demás trágicas razones– proceden esos masivos flujos migratorios en pos de la “tierra prometida”. Qué tuerce depender de multilaterales parsimoniosas. Varias veces la embajadora hondureña en la ONU se dirigió al Secretario General pidiendo intercediera para que Honduras recibiese suficientes pruebas médicas de detección de contagios. Y, por supuesto, hizo énfasis en las vacunas. Lamentó en sus misivas la injusta y desequilibrada distribución de estas herramientas sanitarias –de vida o muerte– en detrimento de estos pintorescos paisajes acabados.

Hasta ahora la burocracia internacional cae en cuenta que suministros más allá de sus necesidades fueron a parar a los almacenes de los que se reparten con la cuchara grande. Hoy –después de reaccionar con pachorra e insuficiencia a la crisis– pegan el grito al cielo. Como si sus quejas fueran remedio a la mortal enfermedad. A nadie interesa que se preocupen sino que actúen. La OPS y su artilugio COVAX –denunciaron mandatarios en la Cumbre Iberoamericana–ha sido “un completo fracaso”. Aquí por recomendación de la OPS, confiados metieron todos los huevos en esa canasta. No solo para recibir lo que supuestamente darían en donación –que no ha llegado– sino además para tramitar por su medio todas las compras gubernamentales. De las donaciones apenas mandaron un primer lote incompleto, a los meses de haber abastecido a otras naciones que incluyeron en la primera ronda. Honduras no tuvo esa suerte. La dejaron a la cola de la cola. Tampoco llega un pedido colocado por el IHSS con aval del COHEP. Mientras otros países vacunaban amplios sectores de su población aquí finalmente se desamarraron del mecanismo COVAX. A la carrera a negociar sobrantes con los grandes laboratorios dueños de su patente. Quizás pronto, al amparo de la Providencia Divina, se obtengan las dosis necesarias para iniciar la vacunación masiva.

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