De mayor valor es la sabiduría que la mucha inteligencia

De mayor valor es la sabiduría que la mucha inteligencia
MA
/ 21 de junio de 2022
/ 01:22 am
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Arq. Óscar Cárcamo Vindel
imexhn@gmail.com

En términos generales para el propósito de este breve comentario podríamos definir de manera pragmática a la inteligencia como; la prominente capacidad para la asimilación, interpretación y retención de información, cifras y estadísticas. Entre tanto, a la sabiduría la defi- niríamos como; la destreza de poder resolver, eludir y prevenir problemas o conflictos. En tal sentido, derivado de las dos premisas anteriores, a lo largo de mi existen- cia he podido alcanzar una clara lectura de un acucioso sentido de análisis, de personas con altísimas competencias derivadas de una consagrada capacidad intelectual y cognoscitiva, empero con un pobre desempeño en términos de logros profesionales y del manejo de efectivas relaciones interpersonales. En contraposición, a casos de personas con limitadas capacidades de intelecto, empero con extraordinarios logros profesionales y de muy favorables relaciones personales.

En tal sentido, me comentaba un amigo cercano, catedrático de una prestigiosa universidad de alcance internacional, que mantiene una ofi- cina que evalúa el desempeño de sus egresados a lo largo de los años, en donde las estadísticas les muestran que los profesionales ya egresados con mayores éxitos en su desempeño, resultan ser los de escolaridad promedio aun por encima de los estudiantes de sobresalientes logros estudiantiles.

En términos académicos, la sabiduría se puede encasillar en el orden de los que los estudiosos definen como la inteligencia emocional. Y que, en cierto sentido es una virtud que se puede cultivar, desarrollar y acrecentar a lo largo de la vida.

En primera instancia, la sabiduría es la capacidad de la conciencia de interponer el raciocinio por sobre las emociones, el temperamento, el estrés y los arrebatos del afán y la codicia. Es la ponderable actitud, de poder alcanzar la capacidad de no tomar decisiones como producto del ímpetu de las emociones, el enfado o la tensión de un determinado momento; tales como compras compulsivas, compromisos emotivos de obligaciones de último momento, o de impertinentes exabruptos de comentarios subidos de tono. La sabiduría es la resuelta seguridad de dominar el temperamento y saber guardar silencio en los momentos de álgido estrés o confrontación, para dar espacio a que bajen las aguas y aflore el diálogo sensato, y poder razonar con detenimiento antes de hablar con impetuoso desasosiego.

En otro sentido, la sabiduría es una conciencia que se manifiesta en el ámbito de la disciplina y el autocontrol. Por tanto, se direcciona en reflexivas y prudentes determinaciones que buscan un arduo esfuerzo por una plena realización y planificación del proyecto de vida, enfocando metas a largo plazo, que tiene que ver con la disposición al sacrifico y la abnegación por sobre el placer o el deleite de caprichosos deseos momentáneos. La sabiduría es el decisivo discernimiento de un manejo integral de un metódico orden del proyecto familiar y laboral, revelándose en el manejo apropiado del empleo del tiempo de trabajo y esparcimiento, del uso del dinero, la previsión hacia al ahorro, el cuidado de la salud y hasta el ejercicio físico.

Otro aspecto importante de la sabiduría es el hecho que nos brinda una correcta apreciación de nuestra autoestima, permitiéndonos una sa- ludable retroalimentación de nuestro proceder y actuaciones del pasado a modo de poder favorecer las pertinentes acciones correctivas, evitando sucumbir al autoengaño de falsas justificaciones de nuestras equivoca- ciones. La sabiduría propicia una acción de razonable análisis para la correcta prevención de eventos de adversidad circundante, amenazas, riesgos inminentes o intangibles, ayudando a la oportuna contención y planificación para evitarlos o minimizarlos, asumiendo las previsibles responsabilidades de nuestras faltas o inconsistencias o por el contrario el previsible estímulo para potenciar nuestros éxitos y fortalezas.

No menos importante es el hecho, que la sabiduría nos alienta a una conducta que favorece el desarrollo de relaciones estables, saludabas y perdurables, procurando la vigilancia de interpretar que no somos soli- tarias islas en un entorno social. La sabiduría prioriza el hecho de una actitud y disposición de saber escuchar a los demás, en términos de una conducta de servicio que procura establecer empatía, con la intención desinteresada de ayudar o ser solidarios con cercanos colaboradores, ami- gos o familiares. La sabiduría nos transforma en personas sobradamente confiables, con las que se puede contar en momentos de dificultad o de llegar a ser amigos entrañables con los cuales se logra disfrutar a plenitud, sin tener que residir con el temor de reservar cuidado de nuestras acciones. En fin, la sabiduría alimenta innumerables valores de vida, de pro- vechoso aporte para alcanzar una forma de existencia de satisfactorio desempeño que nos estimule a una sana convivencia en la armonía de vínculos estables, en la sostenibilidad perdurable de un empleo en el marco de una efectiva salud física y mental. Si atesoramos el propósito de adquirir sabiduría, recomiendo la lectura del libro de los proverbios del antiguo testamento, que nos brinda invaluables consejos y enseñanzas para poder adquirirla.

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