LA PESTE, LAS ELECCIONES Y LA MIGRACIÓN

MA
/ 2 de noviembre de 2020
/ 01:26 am
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LA PESTE, LAS ELECCIONES Y LA MIGRACIÓN

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MIENTRAS aquí los turistas internos alistan maletas para ir a disfrutar, en noviembre, el tendido puente de asueto de la semana morazánica –y rememorar en cada uno de los centros de entretenimiento la vida, obra, milagros y legado del prócer de la quimérica unión centroamericana– otros no son tan afortunados. “El primer ministro británico anunció el pasado fin de semana un mes de cuarentena para Inglaterra, ante la advertencia de que un rebrote del coronavirus superará la capacidad de los hospitales si no se toman medidas rígidas”. Parecida alarma en otras capitales europeas con el disparo en las cifras de contagio de los últimos días. En los Estados Unidos, que supera los 9 millones de contagios y 229,347 fallecidos, el tema sobre el manejo de la peste –ese país encabeza desde hace semanas las estadísticas de infectados y muertos– a manos del jefe de la actual administración que busca su reelección, ha sido tema central de la campaña.

Los ciudadanos norteamericanos están convocados a elecciones en los primeros días de esta semana. Sin embargo una cuarta parte del electorado ya ha votado, bien por correo o por medio del sufragio anticipado. En lo que concierne al tema migratorio –uno que afecta terriblemente a estos pintorescos paisajes acabados del Triángulo Norte para cuyos nacionales antes la migración era la válvula de escape a la desocupación, a la inseguridad y a la subsistencia por sus precarias condiciones de vida– hay marcada diferencia en la propuesta de los candidatos presidenciales que compiten. POTUS, que ha endurecido las medidas de control de fronteras durante su primera gestión ha adelantado, para que nadie se equivoque, los parámetros de lo que pueda esperarse en un segundo período. “Las cuatro prioridades en la futura política migratoria serían: límites al asilo, penalizar a las ciudades que amparen a los inmigrantes indocumentados, seguir recortando las visas para ciertos viajeros, y nuevas restricciones a las visas de trabajo”. El candidato presidencial demócrata en cambio ha ofrecido un camino hacia la ciudadanía para muchos de los indocumentados. En el debate presidencial criticó fuertemente la separación de hijos de sus padres. En su visita a la Florida, un Estado clave que varias veces ha decidido la elección, pidió el apoyo de los latinos. Les dijo que “las únicas personas deportadas serán los que han cometido delitos graves”. Trump, en cambio, sobre su política hacia Latinoamérica, ofrece mano más dura hacia Cuba y Venezuela.

Con su vecino del sur desaparecieron los roces tradicionales. Una vez que logró doblegar al gobierno izquierdista, con amenazas de castigo arancelario, no tuvo dificultades en obtener de AMLO las concesiones exigidas para detener los flujos migratorios. Sobre la expectativa electoral, si bien las encuestas dan una ventaja holgada al demócrata, la sorpresa en las elecciones pasadas fue cuando el republicano se impuso a los pronósticos en el colegio electoral. Ello es así porque una cosa es el voto popular y otro el recuento necesario en el colegio electoral. Son los Estados bisagra que determinan al ganador. Ambos candidatos –con mayor frecuencia Trump en mítines y reuniones públicas desafiando el coronavirus– han dedicado sus últimos días de proselitismo a hacer campaña en esos Estados. El mundo –en la medida que afecte a cada cual– observa con calculada ansiedad lo que está a punto de ocurrir en el país más poderoso del planeta.

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